Sin embargo, este hombre íntegro y tolerante, lleno de proyectos e ideas para su ciudad, tenía que toparse forzosamente con la oposición y el cerrilismo de los mediocres que, aparentes paradojas de la vida, terminarían colocándose en el Ministerio de Cultura. Así, sin cejar en su ignominiosa tarea de acoso y derribo, lograron que un aciago día para la cultura soriana, la zafiedad de un alcalde iletrado y el desprecio que suele engendrar la ignorancia, con la impunidad que daba el cargo, consumase a escondidas uno de los más burdos latrocinios que se recuerdan: hizo llamar a los bomberos para que apagasen el fuego de la cultura, para que hiciesen el trabajo sucio de abandonar los cuadros como trastos inútiles, junto a picos y palas, polvo y telarañas, en un almacén municipal. ... (ver texto completo)
Ya adulto, tuve conocimiento de que el inconformismo y la sensibilidad de Antonio Ruiz habían puesto a trabajar a su grupo SAAS hasta lograr que Soria contase con un Museo del Toro. Los proyectos iban más lejos contándose con la colaboración de Dalí y Picasso para una segunda edición del Salón del Toro. Era admirable el interés de este artista del barro, escultor-ceramista, por impulsar la cultura soriana. A su talento organizador –Galería El Corsario, Grupo Ibiza 59, SAAS, Cine Club- unía un historial ... (ver texto completo)
Dentro de los muros del palacio, entre las obras de Marcos Molinero, Dimitri Papagueorguiu, Ulises Blanco, Zachrisson y del propio Antonio Ruiz, entre cuadros, grabados y cerámica, parecía flotar toda la magia del toro sagrado de la Celtiberia: el Toro Jubilo de la fría noche medinense, el Toro del Santo Cristo de Deza, la Barrosa de Abejar, los doce toros de las doce cuadrillas de San Juan, y, emergiendo de su letargo de roca y milenios, los sagrados toros neolíticos de los abrigos de Valonsadero. ... (ver texto completo)
El Salón del Toro y los comentarios del abuelo tuvieron que influir a la fuerza en mi creciente interés por la figura de Antonio Ruiz, un celtíbero de pro, según supe, que había logrado no sólo reunir un importante puñado de obras y firmas de prestigio, sino que su ciudad se sintiera orgullosa de un arte que entronca en su más genuina tradición: el toro, nuestro dios sol, tótem, rito y mito desde la noche de los tiempos de un pueblo antiguo como el nuestro. Y desde la intuición y la sensibilidad, ... (ver texto completo)
Cuando llegué a casa abordé al abuelo abrumándole a preguntas. Disponía de todo el tiempo del mundo para atenderme, y quién mejor que él que lo sabía todo, o al menos eso creía yo, para sacarme de mi ignorancia. Me explicó que el Salón del Toro era obra de un grupo de artistas llamado SAAS, que constituía un gran acontecimiento, que se habían recibido obras de otros países y contaba con la participación de artistas internacionales, que Camilo José Cela era el presidente, y que claro que conocía a ... (ver texto completo)
Entre la gente que allí se congregó, me llamó la atención un señor con barba, de mirada limpia e inteligente, y con aire de intelectual. Hablaba con otros señores que, por su apariencia y gestos, pensé que tal vez fueran gente del mundo del arte –supe después que él sí formaba parte de él y también que fue el principal artífice e impulsor de aquel trabajo colectivo-. Nunca lo había visto hasta aquel día, y, no sé por qué razón, despertó mi atención, asociándolo en seguida con Hemingway, aunque el ... (ver texto completo)
Me sentí tan a gusto en Pamplona que no dudé volver allá en los veranos siguientes, apenas terminaban nuestros sanjuanes. Fue uno de aquellos años cuando se produjo en Soria la inauguración del I Salón del Toro. Debía andar por los primeros cursos de bachillerato, y a esa edad poco o nada podía entender de arte. La Geografía de España se estudiaba en primero, con diez años, en segundo la Universal, y no sería hasta sexto cuando diésemos la Historia del Arte. Supongo que me sonaría Velázquez o Miguel ... (ver texto completo)
Y así, poco a poco, casi sin darme cuenta, fui conociendo los lugares que recorrió el escritor, las tabernas que frecuentaba, el hotel en el que acostumbraba a hospedarse, como también supe sus aficiones y el nombre de sus amigos, y muchas anécdotas que hicieron crecer mi admiración por Hemingway, hasta hacer de su figura casi un mito, como ya lo era por entonces para muchos navarros.
Tenía otro primo que me llevaba unos cuantos años, y su hermano y yo nos enteramos que corría los encierros, aunque lo ocultaba para ahorrarse la bronca de mis tíos. Y a cambio de nuestro silencio, solía invitarnos en las barracas de la feria, sin que nos hiciéramos mucho de rogar. Cuando llegué a Pamplona no sabia quién podría ser Hemingway, un perfecto desconocido del que nunca había oído hablar, pero este primo mayor, el que corría el encierro sin saberlo mis tíos, ya se encargaría durante aquel ... (ver texto completo)
En el tendido aguardábamos impacientes a que el reloj del Ayuntamiento diera las siete, hora en que el disparo del cohete desde la puerta de los corrales anunciaba la suelta de los toros. Hasta que llegaba ese momento, la banda Popular del Maestro Bravo amenizaba la espera desde el ruedo con música de diana y pasacalles sanfermineros. “Las siete de la mañana, los cohetes hacen ¡pum!”, (…) “Desde el tendido esperando, estamos con ilusión, ver pasar toros y mozos la puerta del callejón. Son los mozos ... (ver texto completo)
Pamplona estaba de fiesta y durante una semana larga la ciudad entera no descansaba ni permitía el descanso. Muy temprano, de noche todavía, mi tío nos hacía despertar a un primo de mi misma edad y a mí, para ver la llegada del encierro. Con el sueño pegado aún a los párpados, bajábamos por la calle Amaya rumbo a la Plaza de Toros. Estos madrugones me recordaban los del Viernes de Toros en San Juan, cuando nos juntábamos algunos vecinos del barrio para coger los mejores sitios de sombra en nuestra ... (ver texto completo)
No comprendía por qué desconocidas razones aquella ciudad tan distinta en muchas cosas a mi pequeña Soria me resultaba, sin embargo, tan cercana. No podría ser por el trazado de sus calles, tan proporcionadas, modernas, paralelas y espaciosas: Media Luna, Aralar, Olite, Amaya, Carlos III…cortadas a cartabón por otras tan amplias como ellas: Aoiz, Iturralde y Suit, Tafalla…, ni su río Arga, ni sus murallas, ni sus alrededores, ni quizás sus gentes. No obstante, había algo intangible e inmaterial que ... (ver texto completo)
Cuando llegué a Pamplona no sabía quién podría ser Hemingway, un perfecto desconocido del que nunca había oído hablar. Cuando llegué a Pamplona era de noche, vísperas de San Fermín. Desde la estación, a las afueras de la ciudad, subía al centro un autobús atestado de viajeros al que llamaban la villavesa, y toda la ciudad era un hervidero de gentes de aquí y de allá atraídas por la fiesta. No imaginaba entonces que volvería un año tras otro mientras pudiera, y que inevitablemente terminaría impregnándome ... (ver texto completo)
Un viaje que trae la ilusión de otros viajes, los nervios de la víspera que no dejan dormir apenas, los preparativos de la maleta, los consejos de la madre: -que te portes bien, que uses el pañuelo, que te cambies de muda, que hagas caso a los tíos, que te comas lo que te pongan, que…- También la manía de consultar por cualquier motivo el viejo atlas, costumbre que se acrecentaría con el tiempo: Velilla de la Sierra, y después Arancón, y a continuación Aldealpozo, y un poco más allá Valdegeña, y ... (ver texto completo)
Hasta ese viaje, lo más que me había alejado por la línea de ferrocarril de Pamplona no pasaba de los pocos kilómetros que dista la ciudad de la caseta del guardagujas de Valcorba, donde se hacía la bifurcación de trenes hacia Calatayud o Castejón. Sucedía en las ocasiones que, después de las primeras lluvias del otoño, el abuelo me llevaba con él a pasear los domingos por la mañana, unos trechos junto la vía, otros al lado de la carretera, en busca de las setas que crecían al pie de los chopos o ... (ver texto completo)