El monarca era padre de una bellísima y encantadora joven que llamaba la atención por su delicadeza y sensibilidad. Muchos anhelaban ser pretendientes de la princesa, máxime cuando esta alcanzó la edad suficiente para contraer matrimonio. Aunque jóvenes con muchas capacidades y talentos solicitaban su mano, el rey quería alguien muy singular para su deliciosa hija. Se enteró de que había tres hombres con especiales habilidades. Entonces el monarca decidió convocarlos e interrogarles sobre sus capacidades.
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A menudo las mejores habilidades del ser humano quedan mancilladas por el exceso de ego y vanidad. Una persona con talento y humilde de corazón, tiene doble talento y, además, no es sierva de su codicioso, arrogante e ilimitado ego.