El Salón del Toro y los comentarios del abuelo tuvieron que influir a la fuerza en mi creciente interés por la figura de Antonio Ruiz, un celtíbero de pro, según supe, que había logrado no sólo reunir un importante puñado de obras y firmas de prestigio, sino que su ciudad se sintiera orgullosa de un arte que entronca en su más genuina tradición: el toro, nuestro dios sol, tótem, rito y mito desde la noche de los tiempos de un pueblo antiguo como el nuestro. Y desde la intuición y la sensibilidad, ... (ver texto completo)