Mensajes enviados por Burgalés:

Final del caserío del pueblo.
Por estas callejuelas, todas ellas llenas de barro, correteé en mi infancia.
Cada día iba y venia por aquí.
Barrio Del Valle; siempre tan solitario.
Cualquier campo es bueno para nacer, crecer e invadir la tierra.
Avena campea entre girasoles.
Su fruto, la guinda, es mucho más ácida que la cereza pero tiene una ventaja: los tordos no la atacan tanto y siempre te queda el consuelo de comer alguna cuando ya no queda una sola cereza.
Cartel de control de la circulación para moderar la velocidad de los vehículos que no siempre respetan los límites.
Mezcla de casas típicas de pueblo con edificaciones modernas: todo un contrate.
Maceta plagada de flores adornando la calle.
Almendros en la era alta. Guardianes siempre vigilantes.
Siempre estuvo presente en todos los campos de cereales junto a la mies; muchas veces, creció mucho más fuerte que las espigas de trigo.
Sólo los más agresivos herbicidas son capaces de acabar con ella.
El lila, hermoso color.
Rico fruto de la tierra que acabará acompañando cualquier ensalada o guisado.
Y... tú ¿qué flor eres?
El rojo: símbolo del amor.
A la derecha hay una piedra circular con una cruz grabada.

Siempre me ha intrigado su significado.

¿Alguien nos pueda aclarar el enigma?
Y la naturaleza impone su impronta.
Vista parcial de la iglesia parroquial entre acacias y hierba salvaje.
Cuchillos, navajas, hachas y todo objeto cortante... ¡aquí se afilaba!
¡A segar, campesinos!
Gran parrilla para preparar una suculenta chuletada.
Y... ¿nadie "visita" estas fotografías?
Rótulos para la posteridad.
Una faena bien hecha siempre perdura.
Bifurcación: Nos vamos a Poza o a Llano.
Tú eliges.
¿Quién nos la usó en el pasado?
No nos cansaremos de esperar. Viendo pasar el tiempo y las generaciones venideras.
La Escuela: ayer era el centro del saber en cada pueblo; hoy, ruina y desolación.
Y seguimos adornando el áspero cemento de las calles.
En primavera y parte del verano, nosotras somos las reinas en medio de las calles del pueblo.
Aunque reinen las heladas, mi "reino" está debajo de este plástico.
Iglesia parroquial vigilante; al pie, la Casa Consistorial, el bar y la antigua bolera.
Me gusta soñar; soñar con las eras que había en pleno funcionamiento en verano al pie de la iglesia.
Me pusieron un nombre griego "Chrysanthemum"o flor dorada; luzco en todos los colores menos el azul, procedo de China y formo parte del escudo nacional de Japón. En España me cultivan para adornar las tumbas, el día de los Difuntos en hermosas macetas. Los humanos son tan insensatos que las más bellas flores les acompañan y regalan, ¡cuando no pueden ver su hermosura! Como dijo un poeta: en una sóla flor, está toda la primavera.
Muchas gracias por tu información.
Acacias, hierba agreste, eras, edificaciones y al fondo, casi el infinito.
Cada vez que veo esta puerta no puedo olvidar lo vulnerables que somos y lo poco que valemos.
Atrás quedaron las viejas eras; nuevos edificios ocupan su lugar. El progreso, dicen.
Más colorido; más vida.
Superan los colores del parchís.

Da bendición ver este tiesto florido.
Tanta vida tiene la naturaleza que hasta el cemento se ve doblegado.
Plaga de la naturaleza, enemigo número uno del cereal.
¡Qué verdor, qué frescura la de estos guindos "burgaleses"!
Cuando la naturaleza se subleva, la mano del hombre se siente impotente para controlarla.
Todo un símbolo de vida en medio de un pueblo que la va perdiendo.
Invernadero: única forma de luchar contra las heladas y de poder paladear frutos de temporada antes que nadie del contorno.
Edificios que lo fueron.

Todo lo que no se cuida acaba... ¡cayéndose!
Calles perfectamente rotuladas.

Un ejemplo a imitar en infinidad de pueblos burgaleses.
Indestructible a pesar del tiempo transcurrido desde que alguien lo diseño.
¡Qué bella estampa!
¿Alguien conoce el nombre de estas bellas flores?
Y aquí seguimos. También tenemos nuestro papel en el mundo de la naturaleza.
Siempre tan vigilante.
Hermosa iglesia que ya requiere alguna reparación menor (pared del cementerio, por ejemplo)