En esta sección viene bien colocar lo que sigue. ¿Quenos repetimos? Más se repiten los que, erre que erre, aporrean diariamente nuestra lengua sin el menor pudor.
CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA, UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA
Yo no soy víctima de la LOGSE. Tengo 45 años y he tenido la suerte de
estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la
formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En párvulos (así se llamaba entonces lo que hoy es
"preescolar", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía
recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de
"iglesia" (sí, sí, de IGLESIA, ¿qué pasa? ¿Se va a molestar algún árabe?),
la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco más mayor,
llegaba "El Parvulito", un librito con poco más de 100 páginas y un montón
de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que
apenas traen texto. Eso sí, en el Parvulito, no había que colorear ninguna
página, que para eso teníamos cuadernos.
En EGB estudiábamos Lengua Española, Matemáticas (las llamábamos "matracas")
Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales),
Religión (¡!) y Educación Física. En 8º. de EGB, si en
un examen tenías una falta de ortografía del tipo de "b en vez de v" o
cinco faltas de acentos, te suspendían.
En BUP, aunque yo era de Ciencias, estudié Historia de España (en 1º),
Latín y Literatura (en 2º) y Filosofía (en 3º y en COU). Todavía me acuerdo
de las declinaciones y de los verbos (poto, potas, potare, potabi,
potatum, el verbo beber), de algunas traducciones ("lupus et agni in fluvi
ripa aqua potaban; superior erat lupus longeque agni": el lobo y el cordero
bebían agua en el rio; el lobo estaba arriba, lejos del cordero. Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge
Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...
Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a
amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura. Aprendí que se
dice "Presidente" y no Presidenta, aunque sea una mujer la que desempeñe el cargo.
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