Hubo una vez una casa con las hojas de sus puertas abiertas, de recio grosor sus paneles para mantenerse en verano a la fresca. No tenía más que una ventana, un balcón de madera; una tranca para la noche, la sala con una circulada mesa. Las sillas sobre la pizarra negra. Alcobas que restaban paredes y sumaban cortinas. Oscuros jergones bajo una viga que sujetaba la escalera de pino grave como estrecha. Asaltaban portones cocina y sala para ascender al sobrado bajo las tejas. Y sobre los chorizos ... (ver texto completo)