Teresita.
Señor, si tus enojos, en prenda de justicia
haces caer sobre miseria tanta
como aflige a esta tu ruin hija,
si aún es tu voluntad tenerla en el destierro,
ponle llanto en los ojos,
ponle espinas debajo de la planta;
pero, déjale voz en la garganta,
porque bien sabes Tú, Jesús amante,
que no puede vivir el que no canta...
Con el tiempo iba robusteciéndose una actitud interior que configuró toda la vida espiritual de Sor Teresita: ser víctima de amor. Particularmente por los sacerdotes. A veces brotaban de sus escritos expresiones espontáneas que denotaban una profunda experiencia de vida teologal.
Teresita. Quiero ser hostia pura, blanca, otro Él.
Celebremos con el sacerdote la Misa.
Allí estamos como miembros de Cristo, ofreciéndonos con Él; y después, durante el día, sea una oblación continua, pues constantemente se está levantando la Hostia Santa en todo el mundo.
He soñado más de una vez en ser hostia de alabanza, hostiam laudis, para dar gloria a Dios y tenerle siempre contentico. ¿Vamos a empeñarnos en que sea una realidad? Todos los días, en unión con el sacerdote, hagamos esta petición y este ofrecimiento al Padre Eterno, unidas a la víctima santa e inmaculada.
Ideal sacerdotal que le indujo a ofrecer su vida de penitencia por la vocación sacerdotal de un niño. Este ofrecimiento lo tuvo en su corazón hasta la hora de su muerte. Entonces decidió comunicárselo al sacerdote, cuyo carisma sacerdotal había arropado con su oración y penitencias durante más de veinte años, en el más absoluto anonimato.
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