Parece obligado sacar a la luz en Internet esta publicación, ilocalizable en librerías, que no es sino síntesis de la verdadera “Causa General”, ordenada por Decreto de 26 de abril de 1940, que se siguió para depurar las responsabilidades delictivas que se hubieren cometido en el transcurso de la guerra civil española: inmenso documento que se encuentra en la actualidad en el Archivo Histórico Nacional, en donde –previos los oportunos permisos- puede ser consultado por los investigadores.
Del interés y veracidad de la “Causa General” han dado fe personas tan poco sospechosas de franquismo como Javier Tusell, («…es decisiva…muy interesante para estudiar la sublevación, los comienzos de la guerra civil y la vida en la zona republicana durante la contienda»: El País, Cultura, 25 de septiembre de 1980) y Pedro Laín (“los horrores reseñados en la “Causa General” son ciertos...”: artículo en El País, en 1981, referente al foro en que participó bajo el lema “¿Es posible la convivencia en España?”).
Desde el punto de vista estrictamente penal, las responsabilidades por los hechos que dieron lugar a las actuaciones judiciales de que se trata, están ampliamente prescritas, y así se dejó sentado, mucho antes de la llamada transición democrática, en el Decreto-Ley de 31 de marzo de 1969, que felizmente, en nuestros pagos, no se estila la imprescriptibilidad de los crímenes contra la Humanidad. Y desde el punto de vista político y moral, estaban en camino de un dolorido y voluntario olvido.
Por grandeza de alma en muchos casos, por conveniencia en otros, a nadie le interesaba remover tumbas ni agitar recuerdos. Incluso algunos de los protagonistas, como Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri, conscientes de que poco tenían que ganar y mucho que perder, alzaron bandera de “reconciliación nacional” y se sumaron a la alianza del silencio.
Pero ahora, al cabo de veinticinco años, atenuada la memoria histórica por el puro paso del tiempo y por la muerte de muchos de los testigos, se ha emprendido desde el PSOE una pasmosa damnatio memoriae, al estilo de los faraones que borraban el rastro de quienes les precedieron, queriendo reescribir la historia, divulgando y enfatizando las responsabilidades del bando nacional y relegando al olvido las del propio.
Teles-Foro.
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