Hablando de capillas itinerantes, ninguna mejor y mas venerada que la que usaba el señor Migel el ermitaño pase-andola por todo el pueblo pidiendo una limosna para la virgen de la Piedad.
María Jesús: me alegra que te haya gustado evocar estas anécdotas vividas durante nuestra infancia en Herrera. Saludos.