Yo te busqué, Francisco de Asís. Quería preguntarte, quería que me indicaras el
camino. Una
joven lloraba porque para ti había terminado el amor mundano y proyectabas tu mirada a las alturas, buscando el amor celestial.
Escuché tu canto en la pradera, Francisco de Asís, y vi correr la sangre del martirio por tus pies descalzos. ¿Qué tenía esa
flor de abril para que tu mirada arrojara chispas como el sol? Era la primera vez que tu corazón puro la contemplaba, y le hallaste parecido con los cabellos
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