Hay en el centro del Albaicin una recóndita y solitaria
plaza conocida como la placeta del conde, en ella, se centra esta
historia, en la conocida
casa de la
hornacina llamada así por la bella hornacina barroca que adorna su
fachada dedicada a la santísima trinidad.
En ella vivió un viejo capitán retirado, este vivía sólo. Una dueña iba todas las mañanas a arreglarle la casa, cierto día, esta lo encontró tendido en el lecho sin vida. Al carecer el hombre de
familia, la justicia se quedó con su
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