Muchas veces vivimos tan rápido que olvidamos escuchar nuestro cuerpo.
Nos preocupamos por el trabajo, las responsabilidades, los problemas y las expectativas de los demás… mientras dejamos nuestra salud para “después”.
Hasta que un día el cuerpo se detiene.
Y entonces entiendes algo profundo:
sin salud, todo lo demás pierde sentido.
Una enfermedad no solo afecta el cuerpo, también cambia la manera en que miras la vida.
Te hace valorar cosas simples que antes parecían normales:
respirar tranquilo,
dormir... Si tus sueños son grandes, es porque tu capacidad de lograrlos también lo es. Lo que más me inquieta es que en España todos se preguntan: ¿qué va a pasar? Casi nadie se pregunta: ¿qué vamos a hacer? En el fondo es lo que todos buscamos, son dos brazos en los que poder confiar y un hombro donde poder descansar. La felicidad no es más que buena salud y mala memoria.