Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Una pareja hablando: -Cariño la semana pasada estaba nublado y hoy hace sol... - ¿Y qué más da? -Que me dijiste que con el tiempo cambiarías.
Emocionada, practicó durante unos minutos alrededor de su familia.
De repente se paró y, mirando una enorme hoja que flotaba a lo lejos, les dijo:

- ¿Hacemos una carrera hasta esa hoja? Como seguro que ganaré yo, al que llegue segundo le enseñaré la nueva técnica que he aprendido para nadar.

Y así fue como las ranas aprendieron a nadar crol.
- ¡Ey! ¡He avanzado! -gritó contenta.

Sin acabárselo de creer, Grinda levantó la otra patita de delante y repitió el gesto.

¡Y sí! Volvió a avanzar un poco.
Anee la sorpresa de sus padres y de sus hermanos y hermanas. Grinda fue levantando una de sus patitas delanteras y después la otra, y a medida que las hundía en el agua, iba avanzando ¡Había descubierto que con las patitas delanteras también podía nadar!
Una vez en el lago intentó nadar como lo hacía siempre, dándose impulso con las dos patitas de atrás. Pero a Grinda le hacía mucho daño y no la podía mover.

Por eso cada vez que hacía el movimiento, salía impulsada hacia un lado.- ¡Así no hay manera de que avancemos juntos! -exclamó el padre, preocupado.

Pasó un minuto y a nadie se le ocurría nada. Grinda desanimada y un poco enfadada, levantó una de las patas delanteras y la hundió en el agua con fuerza.
• ¡Buena idea! dijo la madre. Como saldrás volando hacia el lado de la patita mala, colócate con la buena en la orilla de la tierra y da un salto que te haga caer en el agua.
Grinda estaba un poco confusa con tantas ¡deas y tantos cálculos, pero como era su familia y estaba segura que se lo decían por su bien, les hizo caso. Siguió las indicaciones que entre todos le daban, y... ¡Saltó hacia el agua! ¡Fue a parar al agua a la primera!
- ¡Buena idea! -añadió el padre. Como en el agua flotarás, la podrás ir moviendo poco a poco sin hacer tanta fuerza y seguro que al final te recuperarás. El problema era llegar hasta el agua. claro, porque no podía saltar hacia delante.
-Pues colócate junto al agua. y da un salto de manera que cuando salgas disparada para el costado vayas a parar directamente al lago -propuso el hermano mediano.
La pequeña de la familia se había hecho daño en una de las patitas de atrás y no podía saltar.

O, mejor dicho, podía pero a medias: como sólo podía darse impulso con una pata, cuando daba un salto salía disparada para un lado.

- ¿Por qué no pruebas moverla en el agua? -sugirió su hermana mayor
Grinda, la ranita nadadora

En un lago del bosque de los helechos, una familia de ranas nadaba feliz para celebrar la llegada de la primavera.

De repente, mamá rana oyó un grito:
- ¡Croaaaacc!

Era Grinda, la pequeña de sus criaturas, que se había hecho daño. Tanto ella como el padre rana y todos los hermanos y hermanas se acercaron.
• ¿Grinda, qué ha pasado?
Ariadna condujo a Teseo a donde se hallaba anclado el barco. Allí, esperándoles, estaban los siete muchachos y las siete doncellas. Cuando salió el sol, pusieron rumbo a Atenas.
—Debemos apresurarnos —dijo la joven, muy excitada—, o nos descubrirán los guardias de mi padre.
En la oscuridad, Teseo buscó el ovillo de hilo que se había caído. Cuando lo halló, fue siguiendo con las manos el rastro del hilo a través de los oscuros y sinuosos corredores del laberinto. Al fin alcanzó la puerta donde se hallaba Ariadna.

Al ver a Teseo manchado de sangre, corrió hacia él y le abrazó apasionadamente.
De pronto oyó un terrible rugido que resonaba por los pasadizos. El espantoso sonido se aproximaba más y más, y Teseo percibió la fuerte pisada del gigante que se acercaba.

Inesperadamente, la bestia se abalanzó sobre él, bramando y rugiendo, pero el príncipe se apartó de un salto, asiéndose a la roca. La bestia volvió a abalanzarse sobre él, y esta vez Teseo le asestó un violento puñetazo en el pecho. El Minotauro cayó hacia atrás, aturdido, y Teseo le agarró por sus inmensos y afilados cuernos, ... (ver texto completo)
Te llevaré conmigo, princesa —dijo Teseo con ternura—, pues estoy enamorado de ti.

Al amanecer del día siguiente, los soldados del rey condujeron a Teseo hasta el laberinto. Cuando la puerta se cerró tras él, quedó sumido en la oscuridad. Sacando la madeja de hilo de debajo de su túnica, Teseo ató uno de sus cabos a la puerta. Palpó los elevados muros que tenía a ambos lados y, muy despacio, descendió por el angosto camino, desenrollando el hilo a medida que avanzaba. Más adelante vio un poco ... (ver texto completo)
Aquella noche, se dirigió a su habitación sigilosamente.

—Príncipe Teseo —murmuró en voz baja—. No puedo ayudarte a matar al Minotauro, pero sí puedo ayudarte a escapar del laberinto. Debes aceptar mi ayuda o morirás.

—Lo haré encantado, princesa —contestó Teseo.

—Entonces toma esta espada y esta madeja de hilo y escóndelos debajo de tu túnica. Cuando entres en el laberinto, ata el extremo del hilo a la puerta y ve desenrollándolo a medida que avances por los oscuros pasadizos. Es tu única ... (ver texto completo)
En el amplio salón el rey Minos se hallaba sentado en un trono dorado. Tenía una larga barba blanca y llevaba puesta una túnica de seda.

—Sólo esperaba a catorce —dijo rudamente— ¿Por qué el rey Egeo me envía a quince?

Teseo dio un paso adelante.

—Soy el príncipe Teseo, hijo del rey Egeo. He venido para matar al Minotauro y liberar a mi pueblo de esta terrible deuda.

—Bravas palabras —dijo el rey con una pérfida sonrisa—. Puesto que estás tan ansioso de encontrarte con nuestro monstruo, ... (ver texto completo)
Tras muchos días de navegación, llegaron a la bella isla de Creta. En lo alto de un risco estaba el magnífico palacio de mármol del rey Minos. Sus soldados condujeron a los jóvenes y las doncellas por el sendero del risco.

El interior del palacio estaba todo adornado con oro y plata. Las habitaciones aparecían repletas de finos muebles, y en todas las paredes podían contemplarse escenas de toros y delfines saltarines.
— ¿Y no podría alguien dar muerte al Minotauro? —preguntó Teseo.

—Nadie ha salido nunca del laberinto con vida. O les mata el Minotauro, o se pierden para siempre en el laberinto.

Teseo regresó corriendo al puerto y se acercó al barco de las velas negras, donde aguardaban los muchachos y las doncellas. Sus familiares y amigos seguían sollozando en el muelle.

— ¡Pueblo de Atenas! —gritó Teseo—. ¡No lloréis, yo iré a Creta para acabar con el Minotauro!

Con estas palabras, Teseo subió a ... (ver texto completo)
Padre! —exclamó—. Acabo de ver a catorce jóvenes atenienses a bordo de un barco que se dirige a Creta. ¿Por qué los enviamos para ser sacrificados a esa terrorífica bestia, el Minotauro?

—Porque hace mucho tiempo, hijo mío, hubo una guerra entre Atenas y Creta. Atenas fue derrotada, y desde entonces debemos enviar un tributo a Creta cada siete años, ¡un tributo de sacrificios humanos! Si no enviamos a esos siete jóvenes y siete doncellas para que sean devorados por el Minotauro, el rey de Creta ... (ver texto completo)
Teseo había oído hablar del Minotauro, ¡el horrendo monstruo con cuerpo de gigante y cabeza de toro! Poseía unos cuernos temibles y unos dientes enormes, y habitaba en un vasto laberinto en los sótanos del palacio de Creta, devorando a seres humanos. Tan numerosos eran los pasadizos del laberinto, que nadie que penetraba en él conseguía hallar la salida.

Teseo regresó apresuradamente al palacio de su padre.
—Son los familiares de las catorce víctimas que van a ser sacrificadas. ¿Ves a esos siete muchachos y siete doncellas? Serán enviados a Creta. ¡Pobrecillos, cómo les compadezco!

— ¿Por qué? ¿Pues qué les sucederá?

— ¿Pero no lo sabes, chico? ¡Serán ofrecidos como alimento al terrible Minotauro que vive en el laberinto!
Un día bajó Teseo al puerto y vio a un grupo de gente llorando. Siete muchachos y siete doncellas eran llevados, con las manos atadas, a bordo de un barco de velas negras.

— ¿Quién es esa gente que hay en el muelle? —preguntó Teseo a un marinero.
El laberinto del minotauro

Hace mucho, muchísimo tiempo, vivía en Grecia un joven y valiente príncipe llamado Teseo. Su padre era el rey Egeo y gobernaba la hermosa ciudad de Atenas.
Ya en casa, comieron tostadas con mermelada de setas y a todos les encantó. Tomás comentó que era un buen final para un día perfecto.

-No sólo encontré la felicidad -dijo, dándole un gran beso a la abuela Sarmiento-. ¡También he descubierto tres buenos amigos.
Esta vez no cometere ningún error con el hechizo.

" ¡Zarpas de tigre, fiero animal, haz que Tomás vuelva a ser normal!" Cuando se disipó otra vez el polvo azul, apareció Tomás, exactamente como era antes, pero... ¡con una sonrisa en los labios!

En ese instante, Palitroque sintió unos golpes en la espalda. Uno de los árboles mágicos trataba de decirle algo. Con una de sus ramas señaló a los pies de Palitroque. Allí, en un húmedo lecho de musgo, había un montón de setas venenosas.

Tomás y ... (ver texto completo)
- ¡Ja, ja, ja! ¡Basta! ¡Por favor, ja, ja!

- ¡Ya sé lo que decía el cartel! -exclamó Palitroque-. Decía: "Cuidado con los árboles cosquilleros."

Por fin los árboles dejaron de hacerle cosquillas a Tomás. Recuperó el aliento y se enjugó las lágrimas.

- ¿Por qué os reís? -preguntó-. ¿También os han hecho cosquillas los árboles?

-No, es tu falda. ¡Estás tan gracioso! -dijo Palitroque entre carcajadas.
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Una bota muy vieja y una falda elegante!

-No me extraña que se haya escapado -dijo Palitroque- ¡Vamos, hay que encontrarlo!

Palitroque y Petronila corrieron por el bosque embrollado, siguiendo las huellas de Tomás. Estas les llevaron directamente al inicio del valle donde habían visto el cartel. Se detuvieron otra vez para tratar de leerlo. De pronto, oyeron un grito horrible procedente del valle:

- ¡Aaay! ¡No, por favor! ¡Basta! -Es Tomás. Parece encontrarse en un terrible aprieto. ¡De ... (ver texto completo)
-Bueno. ¿Qué os parece un traje de oro y una camisa de volantes?

Petronila buscó el hechizo adecuado. " ¡Sangre de toro y escorpiones gigantes, un traje de oro y camisa de volantes!"

Esta vez el resplandor fue aún más brillante. Antes de que se despejara el polvo, Tomás se vio reflejado en el río, lanzó un grito y corrió a esconderse.

- ¡No! Ha vuelto a salir mal. ¡Jamás seré feliz!

-Petronila, ¿qué pasa ahora? -preguntó Palitroque al dispersarse el polvo mágico-.
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Comenzó a saltar de aquí para allá, agitando su varita mágica.

" ¡Canela en polvo, patas de rana, dale a mi amigo un pastel de manzana!" Al compás de este estribillo apareció un resplandor azul muy brillante en aquel lugar y miles de motas de polvo dorado cayeron al suelo.

- ¿Resultó? -tosió Petronila, frotándose los ojos. - ¿Qué es esto que tengo en el cuello? -preguntó Tomás-. ¡Oh, no!

-Petronila, tonta -se burló Palitroque- ¡le has hecho una corbata de manzana! Tomás se puso a llorar ... (ver texto completo)
¡Me llamaban Tomás Tiramuelas, precisamente por eso! No podía contener el llanto.

Petronila salió por la puertecita que tenía en el sombrero de Palitroque. Llevaba en una mano el libro de hechizos y en la otra su varita mágica. -Petronila es una araña mágica -explicó Palitroque-. Puede conseguir lo que quieras.

Piénsalo bien y dinos qué te gustaría tener ahora mismo. Eso te hace feliz ¿no?

-Lo intentaré -sollozó Tomás- Quisiera..., quisiera un pastel de manzana.

- ¡Oh! Lo tendrás -afirmó ... (ver texto completo)
No necesito ningún motivo para llorar -sollozó Tomás otra vez-. Estoy triste desde que tengo uso de memoria. No sé lo que es la felicidad.

- ¡Pero si es muy fácil! -exclamó Palitroque-. Te enseñaremos a ser feliz, ¿verdad, Petronila?

-Claro que sí. Voy un momento al sombrero a buscar mi libro de hechizos.

-Mientras vuelve Petronila, te contaré un chiste -dijo Palitroque, que se sentó al lado de Tomás.

- ¿Por qué están tristes los dentistas? -le preguntó. Pero Tomás ya lo sabía. -Porque ... (ver texto completo)
Tomas del Cuento Palitroque

-Hemos venido corriendo hasta aquí para ayudarte

-dijo Palitroque, bajando al barranco para mirar debajo del puente.

Al borde del río había una criatura con aire desolado.

-Hola. Me llamo Palitroque.
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Palitroque-. Probaré a gritos. ¡Hola! ¿Hay alguien? Nadie contestó.

- ¿No hay nadie? -gritó.

-No hay casi nadie -respondió una voz-. Así que dejadme en paz.
Palitroque leyó detenidamente el cartel a la entrada del valle.

-Cuidado con los árboles... No puedo entender la última palabra. Cuidado con los árboles... ¿qué? Continúo sin entender. Tendremos que ir por el camino del puente de las campanillas.

A medida que Palitroque se acercaba al puente, oía que los sollozos se hacían cada vez más fuertes. Pero cuando se detuvo para recuperar el aliento, a mitad del puente, el llanto se interrumpió.

-Quizá lo hemos asustado -dijo Petronila. -Ojalá que ... (ver texto completo)
Así pues, siguieron buscando, riéndose y jugando, mientras se internaban cada vez más en el bosque. De pronto se detuvieron; alguien lloraba a lo lejos.

- ¡Vaya! -exclamó Petronila- Parece que alguien necesita ayuda.

-Sí, viene de allá -dijo Palitroque-. Date prisa. Vamos por este valle, es un atajo.

- ¡No! -gritó Petronila-. ¡Mira el cartel!
Palitroque anduvo durante muchas horas por el bosque embrollado, pero no pudo encontrar ni una sola seta.

-La abuelita se va a enfadar con nosotros.

Petronila se posó en el ala de su sombrero.

- ¡Bueno, no podemos volver con las manos vacías!
- ¿Con quién estás hablando? -preguntó la abuela Sarmiento-. ¡Ah!, con esa araña asquerosa ¿verdad? Pues las arañas no son mascotas, son para -hacer pasteles.

"No conseguirá hacer un pastel conmigo", penso Petronila que escuchaba, escondida, en el sombrero de Palitroque. " ¡Si no me equivocara tanto con mis hechizos, la convertiría en mosca y la atraparía en una de mis telas!"

-Date prisa -dijo la abuela -y tráete un montón de setas venenosas.
-Está bien, está bien, -contesto Palitroque sacudiéndose su manta de hojas secas-. Vamos, Petronila, tenemos que salir. Deja ya de dormir.

Palitroque se vistió y recogió su sombrero, en el cual dormía Petronila, la araña mágica. Al ponérselo, tiró a Petronila de la cama y ésta se despertó sobresaltada.

- ¡Qué pasa! -gritó.

-Buenos días, Petronila.
- ¿Ha de ser ahora mismo? -preguntó Palitroque, somnoliento.

La abuela Sarmiento irrumpió en su dormitorio.

-Sí, ahora mismo, o no tendremos nada que comer.
Palitroque

Era una mañana de otoño; en el bosque embrollado amanecía. Los tejones bostezaban y se desperezaban. Las ardillas saltaban de aquí para allá, buscando nueces. La voz aguda de la abuela Sarmiento sacudió las hojas del viejo roble:

- ¡Palitroque! ¡Palitroque! ¿Estás despierto? Tienes que traerme algunas setas.
Con todo esto el cisne y el puercoespín se hicieron grandes amigos y era frecuente verlos pasear o riendo sentados en la orilla del lago. Un día los animales se reunieron y le dijeron al cine que había ganado un nuevo concurso, uno que le hizo más feliz y del que estuvo más orgulloso, que de todos los demás que había ganado antes: el premio a la humildad.
Ese sábado, fue todo un acontecimiento en el bosque y todos fueron a ver el concurso, el cisne se lavó en el lago con gran cuidado y cuando se secó sus plumas blancas relucían como el mismísimo sol. El cisne marchaba confiada y terriblemente altivo, hasta que vio quiénes formaban el jurado: comadrejas, hamsters, ratones y un tejón. Rápidamente entendió que la belleza dependía de quien la mirara y que ese feo puercoespín para los animales que formaban el jurado era muy bello pues era parecido a ellos, ... (ver texto completo)
Fue a ver al cisne, y delante de todos le dijo que no era tan bello, que si ganaba todos los concursos era porque los jurados estaban influenciados por su fama, y que todos sabían que él un pequeño puercoespín era más bello. Entonces el cisne se enfureció, y entre risas y desprecios le dijo “pero que tonterias estas diciendo, yo a tí te gano un concurso con el jurado que quieras”. "Vale, acepto, nos vemos el sábado", respondió el puercoespín, y dándose media vuelta se alejó muy orgulloso, sin dar tiempo al cisne a decir nada más. ... (ver texto completo)
El cisne orgulloso

EL CISNE ORGULLOSO

En un maravilloso y precioso bosque, había un gran lago y dentro, y a su alrededor, vivían gran cantidad de animales de todo tipo. De entre todos ellos destacaba un gran cisne blanco con unas plumas largas y brillantes, dotado de una belleza sin igual y que era considerado como el cisne más bello del mundo. Era tan bonito que había ganado todos los concursos de belleza a los que se había presentado, y eso hacía que cada vez se paseara más y más orgulloso, ... (ver texto completo)
Otro capicúa. jeje.
Foreros/as buén fín de semana.

Que tengamos un poco de solllllllllll.
vivieron felices

-Tienes razón -sollozó Magda. Entonces se oyó un ruidito, como de hadas riéndose, y, ¡blip!, las salchichas se desprendieron de la nariz de Federico.

Federico y Magda se abrazaron, rieron y se pusieron a bailar por la cocina. Y las hadas que estaban en la puerta salieron apresuradamente a echar otra carta al correo.
- ¡Cómo! ¡No voy a pasarme el resto de la vida escondiéndome! ¡Ay!, ahora me doy cuenta de lo afortunado que era antes cuando tenía una nariz normal y corriente. ¡Ojalá no estuviéramos siempre peleando!

-Sí, es verdad, no sabes cuánto lo siento -dijo Magda. -No, no, la culpa no es tuya, querida. Ojalá que las hadas se hubieran guardado sus deseos y todo siguiera como antes.
ero las salchichas estaban firmemente sujetas.

En esto, llamaron a la puerta. Federico y Magda se miraron.

- ¡No vayas! ¿Quieres que todos los vecinos sepan que llevas unas salchichas pegadas en la nariz?
salchichas nariz

El se quedó mirando y rompió a llorar. Ambos tiraron, tiraron y tiraron de las salchichas, pero fue inútil.

- ¡Hay, qué calientes están! -exclamó - ¡No te muevas! Las cortaré con un - ¡Deja ese cuchillo, mujer! ¡Cómo has podido hacerme esto!
- ¡Has desperdiciado un deseo! ¡Qué estúpido eres! Si hay que hacer algo, lo haré yo, qué torpe eres, Federico, me pones mala...

¡Ojalá que esas salchichas te colgaran de la punta de la nariz!

Se oyó un ruidito mágico, como de hadas cantando, y, ¡clac!, las salchichas saltaron del plato y fueron a engancharse a la punta de la nariz de Federico.