Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Cuando volvió a la playa, el muchacho dijo a su madre:

-Soy el hijo del Sol. Ahora debo irme y abandonar esta isla para siempre. Pero me apareceré a menudo ante vosotros, al oeste del cielo cuando el sol cae sobre el horizonte. Cuando el cielo y el mar del atardecer tengan el color dorado de mi rostro, sabréis que al día siguiente el tiempo será bueno y no habrá viento ni tormenta. Y aunque ahora tenga que dejarte, te voy a otorgar un poder. Lleva puesto este.. vestido mágico y si me necesitas ... (ver texto completo)
Al día siguiente, el muchacho salió con su arco y sus flechas de cobre y cazó muchos pájaros. Cuando llegó a casa, los desplumó y los puso a secar.

Luego se vistió con las plumas de un avefría, se elevó en el aire y voló por encima del mar. El océano tenía un color grisáceo, semejante al de sus alas.

Después de volar en torno a la isla, se quitó las plumas de avefría, se vistió con las plumas azules, que seleccionó de algunos arrendajos, y de nuevo se elevó por los aires. Debajo de él, el mar ... (ver texto completo)
Y así fue, porque cuando vio al niño sonriente, sentado en la proa de la barquita, desapareció tan pronto como había venido. Convencido de su impotencia, el Espíritu de la tormenta se marchó enfadado, y el mar recobró su calma.

Mientras volvían a casa, el niño enseñó a su padre una canción mágica, y la cantaron a los peces. Estos, al oírla, nadaron hacia las redes. En unos momentos llenaron la barca de pescado.

-Dime cuál es el secreto de tu poder -dijo el padre.

-Aún no puedo decírtelo ... (ver texto completo)
Cuando el hombre vio que la niebla se adueñaba del mar se quedó aterrado; era su enemiga más temida.

Pero el niño dijo:

-No te asustes. La niebla no te hará daño mientras yo esté contigo.
El Espíritu de la tormenta soplaba y soplaba como un monstruo salvaje y zarandeaba la pequeña embarcación de un lado para otro. Pero su furia huracanada no lograba hacerla volcar. El niño la dirigía en medio de las olas y pronto a su alrededor el mar se calmó.

Entonces el Espíritu de la tormenta llamó a su amiga la Niebla marina, para que bajara a esconder el agua; sabía que si la niebla se extendía, el hombre y el niño estarían perdidos.
Entonces el niño dijo:

-Aventúrate en el mar y déjame ir en la barca contigo, padre; quiero conquistar el Espíritu de la tormenta.

El hombre no quería embarcar con el mar tan agitado, pero el muchacho insistió tanto que al final aceptó.

Juntos se enfrentaron a la fuerte marejada. No tuvieron que remar mucho para encontrar al Espíritu de la tormenta que soplaba desde el suroeste, allí donde habitan los grandes vientos.
Necesito un arco hecho con el brazalete de cobre que llevas en el brazo.

La mujer sonrió y, para complacerle, le hizo un pequeño arco y dos flechas.

Al día siguiente, el niño salió a cazar con sus flechas y su arco. Y así continuaría haciendo todos los días. Cazaba gansos, patos y toda clase de aves de mar.

Al crecer, el rostro del muchacho fue adquiriendo un tono dorado, más brillante aún que el resplandor de su pequeño arco. Y cuando se sentaba en la playa, mirando hacia el mar, todo se ... (ver texto completo)
A la tarde siguiente su marido salió a pescar y la joven volvió a sentarse en la playa, fijó su mirada en el mar y vio que una gaviota se mecía sobre las olas junto a sus pequeños.

- ¡Oh, gaviota! -susurró la joven-, quisiera tener hijos como tú. La gaviota le respondió: - ¡Mira las caracolas! ¡Mira en el interior de las caracolas!
De repente, oyó un llanto tras sí. Provenía de una gran caracola depositada en la arena. La mujer la recogió, miró en su interior y allí vio a un niño muy pequeño ... (ver texto completo)
Una tarde que el cielo adquirió un color semejante al de las plumas de la gaviota, la joven esposa se sentó a la orilla del mar y miró hacia el horizonte.

"Si tuviéramos hijos, podrían jugar conmigo en la arena y no me sentiría tan sola", pensó.

Ocurrió que un martín pescador, con sus pequeñuelos, zambullía su pico en el río que desembocaba en aquel lugar.

- ¡Oh, martín pescador! -exclamó la joven-, desearía tener hijos como tú.

Con gran asombro oyó que el martín pescador le respondía.
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Hijo del Sol

Una vieja leyenda cuenta la historia de un hombre y una mujer que vivían en una islita al oeste del Canadá. Se encontraban muy solos, pues no tenían hijos y en la isla no vivía nadie más.
Buen fín de semana, y como cada año llegó la Semana Santa.

A comer torrijas y disfrutar de las procesiones (aquellos que sean semanasanteros, jejejej)

y los que nó lo sean tanto que descansen en estos días de vacaciones.
Saludos. rs
Después de varios días en silencio, la jirafa reconoció que habia sido demasiado vanidosa y presumida, y pidió perdón a todos lo animales, entonces entre todos el ayudaron a quitarse las hojas pegadas de su garganta, y a partir de ese momento la jirafa respetó a todos los animales de la selva y ellos la respetaron a ella
Todos los animales dieron las gracias al mono por haber conseguido silenciar a la presuntuosa jirafa. Y a partir de ese día durmieron todas las tardes, mientras la jirafa corría por el bosque a medio galope pronunciando palabras silenciosas entre las copas más altas de los árboles.
Pero a cada bocado que daba, las pegajosas hojas se le enganchaban en la larga garganta. Y por más que tragaba, las hojas no se despegaban. La jirafa sacudió su cuello naranja y negro y se bebió todo el agua del lago. Más no había forma de desprenderse de las pegajosas hojas. Y al abrir la boca para afirmar lo maravillosa que era, descubrió que no podía articular palabra. ¡Estaba muda!
Unos días más tarde, los animales volvieron a reunirse para tomar una decisión con respecto a la jirafa. Entonces el mono podió la palabra y explicó al resto de los animales que había concebido un plan, todos estuvieron de acuerdo y ayudaron al mono:

Recogió goma del árbol del caucho y se subió con ella a los árboles, extendiéndola sobre todas las hojas. Al poco rato apareció jirafa y se puso a comerse las hojas de los árboles.
Luego el leopardo fue ganando terreno, y adelantó a la jirafa, pero de pronto, el leopardo chocó con un árbol, se hirió en la cabeza y cayó al suelo.

Después de haber ganado la carrera, la jirafa se volvió todavía más vanidosa. Se paseaba con aires de suficiencia y se jactaba sin cesar de lo muy superior que era al resto de los animales.
Pronto lo veremos, gato impertinente! ¡Haremos una carrera para comprobarlo!

Los otros animales, convencidos de que ganaría el leopardo, les acompañaron en calidad de espectadores. El leopardo y la jirafa comenzaron igualados, pero la jirafa no tardó en sacarle a su contrincante un cuello de ventaja.
Un día se reunieron para hallar el medio de hacerla callar.

El leopardo incluso llegó a decir:

—No eres tan maravillosa como crees, reina jirafa.

Hay muchas cosas que tú no puedes hacer y nosotros sí podemos.

— ¡A ver, dime una! —contestó la jirafa.

—Pues correr tan velozmente como yo —dijo el leopardo. ... (ver texto completo)
La Jirafa Presumida

Jirafa Presumida
Hubo un tiempo en que el lenguaje animal era hablado por doquier en el bosque. La jirafa, debido a su largo cuello, era la reina de todos los animales.

Era mucho más alta que todos los demás, caminaba con la cabeza muy erguida y sostenía largas charlas consigo misma.

Eso enojaba mucho a los otros animales, pues perturbaba su paz y tranquilidad a la hora de la siesta.
Maldito conejo -dijo el lobo, mirando a la Luna.

-No me habías dicho qué es lo que querías pescar esta noche, hermano conejo -se rió la tortuga.

- ¿No te lo había dicho? -contestó el conejo-. Bien, pensé que podía pescar un tonto o dos. Puse el cebo de la Luna... ¡y menudo éxito he tenido!
El conejo sonrió. "Esto sí que está bien; así la vida es más divertida", pensó. Al instante se acercó a la orilla y ayudó a los empapados animales a salir del lago, uno tras otro. Tanta amabilidad les confundió. Le miraron con desconfianza y por fin comprendieron que les había tomado el pelo.
Escupieron, resoplaron, chapotearon y aullaron. El conejo se reía tanto que salió rodando de detrás de los arbustos. Y la tortuga escondió su cabeza dentro de la concha para que nadie viera su risa burlona.

Cuando llegaron a la orilla, el oso, el zorro y el lobo seguían discutiendo y peleándose:

- ¡Tú me empujaste!

- ¡Tendrías que haberla soltado!

- ¿De quién fue la idea?

- ¡Se rne ha metido barro en las botas! ... (ver texto completo)
No la tiramos suficientemente lejos -dijo el zorro-. Si nos metemos todos en el agua, seremos capaces de echar la red por encima de la Luna.

Lo intentaron de esta manera, mientras el lobo se quejaba del frío.

- ¡Esta vez ya la tenemos!

Pero, de nuevo, no había ninguna luna en la red.

En aquel momento, el lobo resbaló y se hundió en las profundidades del agua, arrastrando consigo la red. El zorro y el oso, que también la sujetaban, se hundieron tras él.
... (ver texto completo)
El zorro y el lobo miraron ansiosos, mientras el oso corrió a por la Luna. Al principio pensaron que iba a ser capaz de sujetarla con su zarpa. Pero cuando cayó con toda su tripa en el agua, la Luna pareció hundirse más hondo en el lago.

-Esto no funciona -dijo-. Tendré que usar la red.

Como no querían mojarse las patas, permanecieron en la orilla y tiraron la red sobre la centelleante Luna y luego la remolcaron hasta la ribera.

Pero no había ninguna Luna en la red.

De nuevo la arrojaron ... (ver texto completo)
Y con un destello de su rabo blanco, el conejo se marchó.

Al menos, parecía que se había ido. Sólo la tortuga advirtió las puntas de dos orejas sobresaliendo por encima de un arbusto cercano.
-Plata maciza... -dijo con retintín-Imaginaos lo que puede valer.-dijo la tortuga.

Mientras tanto, el oso había ido a por su red.

- ¡Rápido! ¡Antes de que el conejo vuelva! Vamos a sacar la Luna y a repartírnosla entre nosotros.
-Es decepcionante -dijo el conejo-. Nadie pescará nada aquí esta noche, a menos que saquemos la Luna. Asustará a todos los peces del lago.

Todos se rascaron la cabeza y esperaron a que el conejo tuviera una buena idea. El siempre estaba lleno de buenas ideas.

- ¡Ya lo tengo! -dijo al fin-. Iré corriendo a casa de la tortuga de la ciénaga y pediré prestada una red. Una red fuerte y grande para pescar la Luna. Es de plata maciza, como sabéis. Esperadme. No hagáis nada hasta que vuelva.
Yo que quería pescar algunas percas... -dijo el zorro.

-Y yo un lucio... -comentó el oso. -Y yo una trucha para cenar -añadió el lobo.

-Y yo que venía a por algunos barbos... -exclamó la tortuga.

¿A por qué venías tú, hermano conejo?

Entonces, las dos criaturas se guiñaron un ojo.
- ¿Qué? ¿Por qué? Los animales se abrieron paso a través de la alta hierba hasta el borde del lago.

- ¿Qué pasa, hermano conejo? -Ha habido un accidente -explicó-. Os lo habéis perdido. La Luna se acaba de caer en el lago. Bien, tendremos que regresar a casa.

- ¿Que la Luna se ha caído en el lago?

- ¡Sí! Si no me creéis, id a comprobarlo vosotros mismos.

El zorro, el oso y el lobo miraron hacia el lago. Era verdad. Allí estaba la Luna, meciéndose y tambaleándose en el fondo.
Mientras el conejo se marchaba, la tortuga comenzó su lento caminar hacia el lago. "Si salgo ahora", pensó, "habré llegado allí mañana por la noche".

Los cinco animales fueron al lago la noche siguiente. El zorro llevó los aparejos de pescar, el oso una red y el lobo se llevó algo de cebo.

Pero el conejo había sido el primero en llegar y esperaba, sentado en un tronco, a la orilla del lago.

-Muy mal -dijo el conejo a los animales-. Hemos perdido el tiempo.
Eres la criatura más traviesa de todo Alabama, hermano conejo -decía la tortuga-. Pero la vida nunca es aburrida cuando tú tramas algo. ¿Qué estás planeando ahora?

El conejo parecía sorprendido.

- ¿Quién ha dicho que voy a hacer alguna travesura? Sólo estaba sugiriendo un día de pesca en el viejo lago. Trae mañana por la noche al zorro, al oso y al lobo. Si algo sucede, observa y escucha.

-Allí estaré -rió maliciosamente la tortuga-. ¡No me lo perdería por nada del mundo!
Normalmente, después de pelearse los animales volvían a hacerse amigos. Se tumbaban al sol y eran tan amables entre ellos como podían. Pero entonces, cuando todo estaba tranquilo y en paz, el conejo se aburría.

- ¡Me aburro! ¡Me aburro! ¡Me aburro! -decía un día, mientras charlaba con su amiga tortuga-. Ya va siendo hora de que ocurra algo divertido.
La luna y el lago

Era una vez un lugar en donde casi siempre había problemas entre los animales. Se peleaban, se discutían y se gastaban bromas los unos a los otros. Y casi siempre era por culpa del conejo.
Un padre Amish y su hijo de 35 años llegaron a un centro comercial. Estaban maravillados con casi todo lo que veían, pero especialmente con dos paredes brillantes y plateadas que se abrían y cerraban constantemente

El hijo preguntó: qué es eso padre?

El padre, que nunca había visto un ascensor, respondió: Hijo, nunca he visto nada igual en mi vida. No sé lo que es.

Mientras ambos miraban asombrados, una señora gorda y vieja en una silla de ruedas se dirigió a las paredes brillantes y presionó un botón. Las paredes se abrieron y la mujer ingresó a un pequeño cuarto. Las paredes se cerraron y padre e hijo observaron que se encendían alternadamente unos números ubicados encima de las paredes.

Siguieron mirando hasta que se encendió el último número y, luego, los números comenzaron a encenderse al revés. Finalmente, las paredes se abrieron nuevamente y una rubia espectacular de 24 años salió del ascensor.

El padre, sin quitar sus ojos de la joven, dijo bajito a su hijo: Ve a traer a tu madre! ... (ver texto completo)
Osías, el osito, en el bazar,

todo esto y mucho más quiso comprar.
Osías, el osito, en el bazar,

todo esto y mucho más quiso comprar...

Quiero un cielo bien celeste aunque me cueste,

de verdad, no un cielo de postal

para irme por el este y el oeste
... (ver texto completo)
Osías, el osito, en el bazar,

todo esto y mucho más quiso comprar..

Quiero todo lo que guardan los espejos

y una flor adentro de un rabiol,

y también una galera con conejos
... (ver texto completo)
Osías, el osito, en el bazar,

todo esto y mucho más quiso comprar..,

Quiero cuentos, historietas y novelas,

pero no las que andan a botón,

yo las quiero de la mano de una abuela,
... (ver texto completo)
Osías, el osito, en el bazar,

todo esto y mucho más quiso comprar..

Quiero un río con catorce pescaditos

y un jardín sin guardia y sin ladrón.

También quiero para cuando esté solito
... (ver texto completo)
Por fin se decidió y en un bazar,

todo esto y mucho más quiso comprar...

Quiero tiempo, pero tiempo no apurado,

tiempo de jugar que es el mejor.

Por favor me lo das suelto y no enjaulado
... (ver texto completo)
La cancion del osito Osias

Osías, el osito, el mameluco,

paseaba por la calle Chacabuco

mirando las vidrieras de reojo,

sin ánsia pero con antojo.
La bruja malvada al ver aquello se enfado muchisimo e intento volver a hechizar a las lenguas, pero estas no le hicieron el menor caso, por lo que cogió todas sus pertenencias y se fué a otro lugar sin que se haya vuelto a saber nada de ella desde entonces, para alegría de todos los vecinos del pueblo.
Pasó el tiempo y las lenguas hechizadas al notar que nadie les hacía caso comenzaron a sentirse inútiles: ¿para qué hablar si nadie les escuchaba?, y como eran lenguas, y lo que les gusta es hablar y que las escuchasen, empezaron a cambiar lo que decían, dejaron de criticar y ver el lado negativo de todos y comprobaron que diciendo cosas buenas y bonitas las orejas no se cerraban y volvían a escucharles, por lo que se alegraron mucho y decidieron olvidar el hechizo de la bruja para siempre.
Por suerte se encontraba en el reino por ese tiempo un gran mago que al enterarse de la situación, decidió intervenir con sus hechizos. Así que pensó que si la bruja había hecho un encantamiento sobre las lenguas de todos, él la haría sobre las orejas. Así a la mañana siguiente las orejas cobraron vida, y cada vez que alguna de las lenguas empezaba con sus críticas, ellas se cerraban fuertemente, impidiendo que la gente oyera. De esta manera comenzó una terrible batalla lenguas y orejas, unas criticando e insultando, y las otras sin oír. ... (ver texto completo)
A la mañana siguiente los vecinos se sorprendieron al darse cuenta que en todas las conversaciones, sólo se decían cosas malas y se insultaba a los demás continuamente: "que si este había dicho esto, que si el otro había hecho no se que, que si este era un pesado y un cotilla, el otro un torpe, aquel un malhablado", etc... y aquello desembocó en que los vecinos se enfadaron unos con otros, incluso las familias entre sí, para alegría y diversión de la bruja.
Lenguas contra orejas

Había una vez en una tierra muy lejana una bruja que era terriblemente mala. Una noche que estaba la bruja en su cueva pensado que hacer para molestar a los vecinos del pueblo, se le ocurrió el malvado plan de robar mientras dormían las lenguas de todos y aplicarles un hechizo, que hacía que sólo pudieran hablar de las cosas malas de todos los demás vecinos y que criticaran continuamente lo que hacían o decían. Cuando hubo acabado el hechizo, se las devolvió con mucho cuidado ... (ver texto completo)
3993 Girasoles.
Muchacha que eres como los ojos el Guadiana, jejeje.
Y con olor a primavera, que pasemos buén fín de semana.
Estaba un hombre sentado en un banco y ve pasar a un señor con un feretro y un perro de la correa, y detrás de ellos unas 50 personas... El hombre estrañado acerca al señor del feretro y le pregunta: -Oiga, pero que quien se murió? -Mi suegra. -Vaya, cuanto lo siento... -Si, la mató el perro. - ¿Ah si? ¿y puede dejarmelo un par de dias? -Si, pero pongase a la cola!
Un chico le hace una transfusión de sangre a su novia por un accidente... a los tres meses cuando la novia se recupera, tienen una discusión y el novio le dice: - ¡Te dejo! ¡Devuélveme mi sangre! En esto la chica entre sollozos se quita la toalla sanitaria y le dice: - ¡Te la devuelvo en mensualidades!