La represión empezó desde el inicio mismo del levantamiento militar. Sus primeras víctimas fueron oficiales que se negaron a secundar la sublevación. Los rebeldes procedieron a su ejecución tras un procedimiento sumarísimo o a su detención sin ningún tipo de garantías judiciales. La suerte de muchos oficiales dependió, durante esas primeras jornadas, de la actitud que adoptaron sus jefes a favor o en contra de la rebelión. Una decisión desacertada al elegir el bando amigo, o incluso excesivamente ... (ver texto completo)