Con mucha frecuencia, los humanos solemos hacer como el avestruz: esconder la cabeza para no ver lo (desagradable) que nos rodea, como si el dolor, la enfermedad o la muerte, no formasen parte de nuestra existencia, como si ocultándolos dejasen de ser una realidad. Hace años, no tantos, los enfermos permanecían en la cama de su casa, rodeados y aliviados por seres queridos y cuando llegaba la hora de partir no estaban solos. Ahora parece que ya no existe el dolor ni la enfermedad, pues los alejamos ... (ver texto completo)