PEÑALCAZAR (Soria)

Altitud: 1.249 m.  Gentilicio: Peñalcacense 
Hoy amanece en PEÑALCAZAR a las 08:29 y anochece a las 18:09
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Información general sobre PEÑALCAZAR:

Situación:

Entre las sierras de Deza y el Costanazo, alargadas e inquietantes, se alza Peñalcázar, la Peña de Alcázar o la Peña, a secas. Hace ya años que es un despoblado en una zona tocada por la llamada irresistible de la despoblación, como casi todas las serranas.
Campo de Gómara, provincia de Soria.

El término se encuentra a una altitud considerable y sopla fuertemente el viento, con lo que no hay apenas vegetación. Sí es de destacar su geología: es una gran montaña caliza, con una mina de galena argentífera abandonada de la que se extraía plata, así como diversas cuevas en las que se han encontrado restos de antiguos de asentamientos humanos.

Está legalmente protegido este enclave: bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

Es un pueblo-fortaleza a 1249 metros y deshabitado desde finales de los 70. La ruina actual es culpa del tiempo pero sobre todo del saqueo y la depredación.
Se estan empezando a tomar medidas contra estos problemas, y se pide a todo vecino, o incluso forastero de paso, que si observan festejos de botellón, o cualquier actividad sospechosa de dañar los restos del enclave, AVISE urgentemente al puesto más próximo de la Guardia Civil.

Se recuerda que: la normativa Estatal Historico Artistica regulada en el año 1985, existe un régimen sancionador que obliga a restituir los daños causados y sanciones que oscilan de 60.000 € hasta 600.000 € según gravedad, y la Comunidad Autónoma tiene recogida la ley de Patrimonio, dividida en categorías por lo que los expoliadores se arriesgan bastante, (aunque ya no quede apenas nada).

Ayuntamiento:

La Quiñonería, también de capa caida. Ambos pueblos están rodeados de cientos de hectáreas de fértil terreno a medio cultivar y toda la comarca, pese a ser de las más ricas de Soria, se despuebla a marchas forzadas. Se espera que Zapatero, o alguien, emprenda una nueva repoblación.

Monumentos:

Quedan escasos restos del castillo fronterizo en la línea de los de Alameda, Miñana y Miedes, que sugieren un gran reducto defensivo equiparable a Gormaz o a Rello, con cuyas piedras se construyó parte del caserío. Se conservan dos lienzos de sus murallas y restos de construcciones romanas y celtiberas. Se ve todavía la parte de la iglesia correspondiente al siglo XVI, el antiguo camino y restos de una ermita del siglo XVIII, yacimientos de fósiles y dos cuevas con estalactitas y estalagmitas.

La iglesia parroquial de San Miguel es de fábrica gótico-renacentista (siglo XV). Tiene el tejado prácticamente todo caído, se conservan algunas partes del techo con nervaduras góticas. Se conserva también la torre, no así las campanas que fueron robadas (como casi todo) por gente sin escrúpulos que no respeta nada ni la memoria de nadie. También quedan las ruinas de una ermita (siglo XVIII). Aviso para saqueadores y ladrones en general: no se molesten en ir que ya no queda nada que robar (por no quedar no quedan ni las lápidas del cementerio).

Fiestas:

La fiesta de los sentidos: desde lo alto del pueblo se adivina Soria, Calatayud, Numancia, El Moncayo... La panorámica es maravillosa. En otro tiempo el 29 de Septiembre, San Miguel Arcángel, antiguo patrono de Peñalcazar.
Se desconoce la fecha de la Fiesta de su Virgen. Si alguien dispone de datos en este sentido agradecemos que los aporte a este escrito.

Costumbres:

Este pueblo fue próspero por la explotación de sus minas de plata. Desde la fuente en la falda, donde los vecinos acudían a por agua, parte un camino en cornisa que conserva parte de su empedrado.

Historia:

Fue la Centóbriga romana. (Hay una estela en algún museo provincial)
Hay restos de un antiguo camino romano, defensas romanas y celtibéricas, yacimientos fósiles, dos cuevas con estalactitas y estalagmitas y unas pocas construcciones romanas. Algunos historiadores sitúan aquí la Centríbriga celtíbero-romana (que traduce como alta fortaleza), sometida poco después de la toma de Numancia.
Toda la muela estuvo rodeada de una muralla que protegía la población, despoblada y expoliada desde los años setenta, y perteneciente a las Villas Fronteras con Aragón, del arciprestazgo de Gómara. Conocida como Alcaçar desde el fuero de Soria del siglo XIII, y posteriormente como Peña de Alcázar, denota claramente su origen en la invasión ilegal árabe.
En el 972, a la muerte de Amril ben-Timlet, el valí del Campo de Gómara y el Jalón medio, sus hijos gobiernan las torres de Amril y Noviercas, y las plazas de Peñalcázar, Ateca, Deza y Ribarroya. No es aventurado suponer que pudo ser tomada por el Conde Garci Fernández en su ataque contra Deza en el 974, y en el que vence a los valíes en el inlocalizado Fahs Albaracat.
Algunos eruditos ubican en Peñalcázar el Alcocer del Cantar del Mío Çid, a cuya toma dedica el poema no pocas líneas, aunque otros proponen una localización mucho más lógica con el texto y el terreno entre Ateca y Terrer.
Después fue villa fronteriza independiente aunque no llegó a formar comunidad. Alfonso I el Batallador ganó esta plaza fuerte llamada solamente Alcázar, entre 1120 y 1125; a su muerte, como tantas otras de la frontera soriano-aragonesa, pasaría a manos de Alfonso VII. La despoblación de Peñalcázar ya hubo de tratarse hace ocho siglos, cuando a principios del 1.200 Alfonso VIII eximió del pago de tributos a los que quisieran vivir en lo alto de la peña sin dejarse llevar por la tentación de seguir construyendo casas en la parte baja, según recoge don Gonzalo Martínez.
Su importancia en la Edad Media queda atestiguada por las ruinas que hoy se conservan y los objetos y sepulcros encontrados. Según la obra "Corpus de castillos medievales de Castilla", contaba con dos entradas con dos formidables puertas de hierro, hoy devastadas. Hay testimonios de poblaciones íberas y dos cavernas pobladas en la prehistoria, la de las Brujas y la del Viñador.
Del alcázar hoy sólo queda un centenar aproximado de metros del lienzo de la muralla por su lado Oeste y recintos más o menos aislados, con algunas almenas en aceptable estado para el conjunto. El camino de acceso en rampa pavimentada, zigzaguea hasta alcanzar una de las puertas de acceso, que divide uno de los lienzos. En una de las torres de la muralla también por su lado Oeste, o más bien en sus restos, se aprecia lo que pudo ser un aljibe o nevera. Se trata de una bóveda de cañón insertada en una torre cuya parte superior aparece a ras de suelo con una abertura.
En 1358 don Enrique de Trastámara, rompiendo las débiles paces entre aragoneses y castellanos del Cardenal Guillén, trata de hacerse con Peñalcázar, aunque tiene que retirarse de nuevo a Aragón ante el empuje de su hermanastro don Pedro I (El Cruel) desde Gómara.
En 1447 los navarros toman Peñalcázar. Pudo ser la respuesta a la toma de Atienza, que estaba en manos navarras, por parte de Juan II de castilla un año antes.
De 1581 era el retablo mayor de la parroquial de San Miguel en Peñalcázar, elaborado por Juan de Artiaga, del que se han conservado dos imágenes, de la Dolorosa y San Juan. El estofado era obra de Pedro Jiménez de Santiago, de 1596. Según Ángel Almazán una virgen románica del siglo XIII se encuentra probablemente en el palacio episcopal de El Burgo de Osma.
Durante la Guerra de Sucesión es tomada y saqueada por las tropas del Archiduque en 1706, junto con las villas de Deza, Serón, Almazán y Almenar, retirándose un año después.
Tres aldeas contó, durante la Edad Media y aún después, hasta el censo de Floridablanca de 1785, la Peña de Alcázar: La Alameda, Carabantes y Quiñonería. Dependía del Concejo de Soria, desde donde se nombraba anualmente alcaide.
En el catastro de la Ensenada figura con 92 casas habitadas. Madoz contabilizaría setenta casas, la consistorial, escuela de instrucción primaria, iglesia de San Miguel, tres ermitas, una fuente, monte de encina, sesenta y cinco vecinos y doscientas sesenta y seis almas.
Contaba en 1783, próximo a la disolución del Honrado Concejo de la Mesta, con un total de 6.350 cabezas de ganado lanar, 200 de ellas trashumantes, en un momento en que la provincia contaba con más de 670.000 cabezas. La localidad está deshabitada desde los años sesenta, ya no queda otra cosa que no sean ruinas y ese es el destino escrito de tantos otros pueblos de esta provincia.
En abril de 1878, tenía lugar una sesión extraordinaria presidida, por el entonces alcalde Prudencio Martínez, con la asistencia de los concejales Pablo Portero, Florentino Tejedor, Anselmo Millán, Lorenzo Romero y Justo Gil, más dieciocho asociados y contribuyentes. Se trataba de deliberar la adopción de medios para cubrir el cupo de encabezamientos que por consumos y cereales correspondía al pueblo en aquella época. Un mes después, y también extraordinaria, se reunían para elección de repartidores en número igual al de concejales para el reparto de consumos y cereales. Representaban a mayores contribuyentes y ganaderos, medios contribuyentes, inferiores e industriales, lo que manifiesta la división contributiva de la sociedad en cuatro grupos. Sabemos por ello de la existencia de un caserío rural, de nombre Santa Bárbara, cuyo propietario, Bernardo Pérez, vecino de ese pueblo y residente en el caserío de esa jurisdicción, presenta una reclamación “por sí y en nombre de sus hijos, criados, pastores, jornaleros y demás habitantes de dicho caserío, a lo que manifiesta se les declara exentos de impuesto de consumos, como acogidos a la Ley de Colonias de 3 de junio de 1868”.
Tenían también, en este año, problemas de población, según se deduce de la reunión ordinaria de julio, en la que se procede al nombramiento de la asamblea popular “que en unión del Ayuntamiento ha de componer la Junta Municipal de este pueblo en el corriente año económico”. Se decide que la formen tres secciones por no “poder hacer más secciones atendiendo a las circunstancias del corto vecindario para representar todas las clases de la población”.
En agosto vuelven a reunirse para tratar un tema local como es el del cese del alguacil y el nombramiento de otro.
Se sabe por la documentación disponible, de la existencia de un pósito pío, ya que, también en agosto, tiene lugar “el nombramiento del depositario de los fondos del establecimiento del pósito pío a D. Cayetano Díez Pérez, el cual tendrá derecho a las retribuciones que la ley tiene impuestas a dichos depositarios de los fondos del pósito”. Como en todos los lugares contaban también en Peñalcázar con morosos y en octubre se reúnen para dar lectura al listado de los del año 1877 y decidir si las partidas se han de declarar fallidas o han de acudir al apremio del tercer grado, es decir, la venta de los bienes inmuebles. Tres contribuyentes pasaron a partidas fallidas y a once vecinos de Carabantes y uno de La Alameda, ya le habían subastado algunos bienes y pasado a la Hacienda Pública.
Reportaje que “Soria Semanal” publicó, en su número 100, el 24 de febrero de 1979. Hace ahora 31 años. Aunque desde la diáspora no tengamos acceso a las hemerotecas sorianas, el no haber tirado a la basura algunos periódicos de épocas ya pretéritas nos permite conservar algunas curiosidades, después de una minuciosa búsqueda. Reportaje sin firma que resumimos:
“Peñalcázar, o la otra forma de que suene el nombre de Soria”
“De un tiempo a esta parte, precisamente desde cuando se celebran Elecciones Generales en nuestro país, Soria es famosa por el frío, por la mantequilla y por la Mesa Electoral de la localidad de Peñalcázar.
El último habitante en abandonar el pueblo fue D. Segundo Alcalde, de 47 años, quien se mantuvo como único morador de Peñalcázar algunos meses después de que las últimas familias dijeran adiós definitivamente a este vestigio de la Castilla reconquistadora. Hoy, allí, el derrumbamiento de los inmuebles, las ruinas de los edificios públicos y el expolio de todos los recintos, cuando no el consabido vandalismo ejecutado en algunos lugares, dan la más clara muestra de la Castilla abandonada y de la provincia deprimida.
Pero el retorno de estas familias –a los vecinos de este pueblo se les recuerda en los alrededores como humoristas y de buen talante- a cumplir con un deber ciudadano, o la frecuencia en la visita a sus lugares de origen –muy distinta esta actitud a la de quienes ya Soria es sólo un sitio de veraneo- es todo un hálito esperanzador de quienes se muestran reacios a olvidar su procedencia o a emigrar definitivamente…”...
Guardemos estas ruinas, y conservemos estas historias, porque son un legado del ayer, que mañana otros disfrutarán.

Turismo:

El pueblo-fortaleza de Pañalcázar se encuentra a 1.249 metros de altitud y está deshabitado desde los años 60 del siglo XX.

Es conocida como La Peña, la enorme muela con escarpas de hasta 100 metros, es de un atractivo tal, en especial en el otoño y helado invierno soriano, que no será extraño que el viajero que se acerque hasta aquí se deje llevar por evocadoras historias y leyendas sobre caballeros, sarracenos, amores y odios. Y no podrás evitar regresar.

A 1.200 metros, en plena Sierra de Deza, es hoy Peñalcázar el reducto desde donde se divisa la mejor panorámica de esta zona rayana de la provincia. No sería excesivamente costosa la dotación de la infraestructura necesaria, como para que Peñalcázar se convirtiera en un centro de localización turística, de los que carece Soria en esta zona fronteriza con Aragón. Algo que pudiera cambiar el constante rechinar de los goznes de la puertas y ventanas abiertas, que mueven sus hojas al compás del cierzo reinante, por el ritmo de una comunidad artística o cultural, ganadera o turística que no dejase en este lugar el más claro exponente del abandono de Castilla, que sólo se recuerda, anecdóticamente, en los partes electorales de las legislativas y de los referéndums.”

De las “balsas de san Vicente” y de la del “Castellano”, en término del hoy despoblado, recibe las aguas el río Peñalcázar, de corto recorrido y que irá a unirse al Henar. Por la toponimia sabemos que existieron minas, “Mina cerrada”, y alguna fábrica, “Corral de la fábrica", todo ello muy curioso y motivo de ser buscado durante el tiempo de descanso de unas vacaciones para los amantes de lugares solitarios cargados de historia y leyenda como este.
En la actualidad, el lugar, con su halo romántico impuesto por el abandono, ha quedado como ámbito de inspiraciòn donde ubicar narraciones, cuentos y leyendas. Al pie del escarpe una fuente, inasequible a la despoblación, sigue manando como si los habitantes de arriba todavía bajaran, con sus mulas, a llevarse el agua en cántaros de barro.

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