UNA VIEJA ANÉCDOTA POVEDANA.
En cierta ocasión, un individuo forastero montado en buen caballo y con estampa de persona adinerada, arribó a nuestro pueblo por el entonces camino de Villaflores, enfilando la liviana cuesta existente tras rebasar el viejo cementerio, es decir, la que hoy denominamos calle Real. A la puerta de la primera casa con la que se topó, situada a la izquerda según se sube, casa grande antonces de labrador de hacienda holgada, el dueño de la misma, persona ya anciana, se ... (ver texto completo)
En cierta ocasión, un individuo forastero montado en buen caballo y con estampa de persona adinerada, arribó a nuestro pueblo por el entonces camino de Villaflores, enfilando la liviana cuesta existente tras rebasar el viejo cementerio, es decir, la que hoy denominamos calle Real. A la puerta de la primera casa con la que se topó, situada a la izquerda según se sube, casa grande antonces de labrador de hacienda holgada, el dueño de la misma, persona ya anciana, se ... (ver texto completo)