Uf, habéis destapado la caja de Pandora con este tema. Yo, me pasaba las horas muertas, en la trastienda de mi tío Tolín (Peral), leyendo todo lo que caía en mis manos. Siempre quería que me dejasen despachar, nos hacía ilusión a todos los sobrinos, pero mi tía Angelines, solo me dejaba hacerlo con la gente que venía a cambiar novelas de amor o del oeste, telenovelas y tebeos. Recuerdo que las peluquerías eran las que se llevaban las telenovelas nuevas, algo así como ahora, que tienen lo último de
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Vaya, vaya, veo que no soy la única que se aficionó a la lectura en la trastienda de una librería. Yo también me pasaba horas en la librería de mi padre, cogía un cuento y a la trastienda a leerlo, cuando terminaba iba a por otro, creo que hemos sido privilegiadas, porque si no hubiese sido por la librería yo no habría podido leer ni la mitad. Y los tebeos? Yo los reservaba para los domingos, cogía una carpeta y metía en ella todos los de la semana, desde los de niñas como Lily y más tarde Esther, hasta los de mis héroes favoritos: El Jabato, El Capitán Trueno y El Corsario de Hierro (mi preferido era El Capitán Trueno) pasando por el Pulgarcito, Pumby, DDT, Din Dan, TBO, Mortadelo.... ¡Qué tardes de domingo! En cuanto a libros, me inicié con Los Cinco, maravillosas sus aventuras.
Pero la librería también me servía de refugio.... de los cabezudos, no los tenía miedo, era pánico, pero me encantaba verlos desde la barrera, o lo que es lo mismo desde una ventana del piso de arriba. Un día salió mi hermano (creo que era Juan Ignacio) a hablar con la tuerta, ella miró hacia arriba y me indicó con la mano que bajara, pero sí, sí, en eso estaba pensando yo, me quedé en mi barrera y bajé cuando no quedaba ni un cabezudo en la calle.
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