Hoy he visitado otra vez el
pueblo hermosillano y he puesto mi grano de arena en su verde
paisaje. Cien pequeñas encinas, cinco endrinos, tres serbales de los cazadores junto a dos
cerezos silvestres creceran junto a viejos enebros, brecinas, lastones y aulagas.
Pero el día, por la satisfacción de un trabajo bien hecho queda roto, al contemplar cómo una motosierra junto a la
piscina del Plantío había exterminado de cuajo dos longevos
árboles pertenecientes al patrimonio del pueblo porque al autor
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