Aquella noche, el miedo pudo más. La suerte de cinco hombres dependió de la decisión de un hombre con fiebre. Debían separarse para siempre. Tenían que huir. Una vez más, los antiguos gessa, los tabú del clan de los MacNjil, tenían razón. No podían continuar juntos. Habían esculpido bien. Por fin, se había hecho piedra la norma que exigía la estricta observancia de una tradición milenaria que habían aprendido en tierras lejanas.
Sin embargo, todo se había complicado cuando quisieron esculpir un ... (ver texto completo)
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