Aquella sala de juegos, cuantas horas pasadas allí, grandes series de futbolín al "pierde paga" que si tenías la tarde buena jugabas un montón gratis, partidas de ping-pong con aquellas palas de chapa ocumen de sonido característico, partidas de villar donde aprendimos muchos, aquellas primeras máquinas de millón que para hacer 1.000 puntos y conseguir partida tenías que apretar los botones laterales hasta casi meterlos dentro de la máquina, acompañarlos de unos golpes de cintura que te hacían creer ... (ver texto completo)