Con lágrimas en los ojos, los dioses permitieron que nuestra musa Anónimo-193 abandonara su temporal estancia en el acogedor y merecido trono del Monte Parnaso. A su regreso a la Vega, el mirlo volvió a cantar sin ojear el pentagrama, y el farolillo dejó de suspirar en su triste balanceo por su ausencia. Las piedras volvieron a sonreír a su llegada, y el Alberche se encaramaba en sus orillas para darle su más cálida bienvenida. Las plumas de mirlo de los foreros se zambulleron con alegría en los ... (ver texto completo)