Yo te saludo, el que en un tiempo te decías mi
amigo. Ciertamente compartíamos el secreto del libro, pero no porque tú me lo dijeses, sino porque yo, que lo descubrí, en mi maldita ingenuidad te hice partícipe del mismo.
Te creo capaz de revelar mi identidad, y sólo puedo decir que el jardinero de las nubes tiene sus días contados. Haz lo que quieras, pero en este
foro sólo escribiré como el jardinero de las nubes. Sabes que jamás perpetré ninguna acción de la que pudiese avergonzarme; la única
... (ver texto completo)