No creo que muchos de vosotros recordéis lo que en el pasado representó la
Cruz de los Caídos para algunos pre-adolescentes del
pueblo. Quien hoy contemplara este
monumento estaría lejos de imaginarse que fuera para muchos un enclave de
felicidad. Allí se producían los primeros acercamientos entre algunos chicos y chicas del pueblo. Cuántos
juegos tenían allí lugar; los conocidos y otros imaginados: el escondite (en sus variantes española e inglesa), la comba, el pañuelo (donde yo batía buenas marcas),
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