El
agua del desierto
En un lugar muy próximo al desierto vivía un
joven pastor de nombre Fadel. Era un chico trabajador y muy listo. Como en la aldea donde vivía, apenas llovía, el agua era un bien muy preciado, ya que escaseaba. Tampoco había
ríos ni
lagos cerca, así que Fadel aprovechaba el agua de la
lluvia, y aunque fuera poca, la filtraba y guardaba. El sabor del agua fresca de la lluvia era delicioso.
– ¡Que buena está este agua!- se enorgullecía Fadel-. Es tan buena, que debería probarla
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