Se lee en la página 40: "Mientras el demonio injuriaba y se burlaba de las cosas más santas, sin hacer excepción ni siquiera de Dios mismo, nunca se atrevió a insultar a la Virgen; y a alguien que le preguntó la razón, le contestó brevemente: 'No tengo el derecho. El títere sobre la cruz me lo ha prohibido'.
Su furor... llegaba al paroxismo, cuando alguien le echaba agua bendita" (p. 140).
Su furor... llegaba al paroxismo, cuando alguien le echaba agua bendita" (p. 140).