La brujería ha tenido su máximo esplendor en este período y las cortes de Europa estaban llenas de sujetos poco recomendables.
En esta época han tenido comienzo los grandes procesos a la brujería.
Paracelso, el más célebre de los alquimistas del Renacimiento, ilustró detalladamente los procesos de hechicería.
En su Ente spiritum, dice: «Si, animado de odio contra alguien, quiero hacerle mal, es necesario, para conseguirlo, que me sirva de un intermediario, o sea, de un cuerpo. Así es como es posible que mi espíritu hiera a otra persona con mi espada sin la ayuda de mi cuerpo por efecto de mi ardiente deseo, y esto se puede hacer porque, mediante mi voluntad, fijo el espíritu de mi adversario en una imagen; puedo llegar incluso a hacer a este adversario deforme o cojo, a mi gusto, por medio de la cera.
Debéis tener por cierto que la acción de la voluntad tiene una gran importancia en medicina; y aquél a quién se desea mal, puede sentir todo el mal que se le augura porque la maldición es el dominio del espíritu. Lo mismo puede ocurrir que las imágenes sean cargadas con maldiciones de enfermedad: fiebres, epilepsia y otras semejantes.»
... (ver texto completo)