El plan divino de la salvación, que nos ha sido revelado plenamente con la venida de Cristo, es eterno. Está también -según la enseñanza contenida en aquella Carta y en otras Cartas paulinas- eternamente unido a Cristo. Abarca a todos los hombres, pero reserva un lugar particular a la « mujer » que es la Madre de aquel, al cual el Padre ha confiado la obra de la salvación. (19) Como escribe el Concilio Vaticano II, « ella misma es insinuada proféticamente en la promesa dada a nuestros primeros padres ... (ver texto completo)