Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

De esa manera partieron los dos completamente felices y alegres, y la joven del bello rostro pudo por fin ser feliz junto a su maravilloso soldado, la única persona del mundo que no apartaba la mirada al ver su rostro, pues a través de él podía ver siempre su corazón.
Cuando el príncipe fué a visitar a la princesa contempló horrorizado el rostro de su esposa, y tuvo la reacción que el guardían había previsto. Le dijo que no quería verla nunca más y que se fuera lo más lejos que pudiera, además se inventó una heroica historia sobre la muerte de la princesa que hizo que su leyenda sobre su belleza y bondad fuera más popular entre la gente. Mando al guardia que la acompañara y escoltara lo más lejos que pudiera.
Y entonces la princesa se dió cuenta que también amaba a aquel honrado y leal soldado. LLorando amargamente, tomó la mano del soldado, y empuñando juntos un puñal, hicieron en su rostro dos largos y profundos cortes.
Yo lo haré – respondió el soldado hincando su rodilla en el suelo, pues en el trato diario con la princesa había terminado enamorándose de ella – Para mí sois aún más bella por dentro que por fuera.
– ¿Desfigurar mi bella cara? ¿Y a dónde iré después? ¿No te das cuenta que mi belleza es lo único que tengo? ¿Nadie querrá saber nada de una mujer horrible, fea e inútil como yo?
La princesa poniendo las manos en su rostro respondió sollozando:
– Ya que el príncipe sólo os quiere por vuestra belleza, si os desfiguráis el rostro, ya no le servireis para presumir y sacar pecho ante los demás príncipes y para evitar que nadie os vea seguro que os enviará lejos de palacio, y borrará cualquier rastro de vuestra presencia. Ya sabemos lo cruel y miserable que puede llegar a ser.
– Si deseáis tanto huir de aquí, yo sé una forma de hacerlo, pero le advierto princesa que el sacrificio por vuestra parte va a ser enorme.

La princesa accedió, confirmando que estaba dispuesta a cualquier cosa, y el soldado continuo:
Tras pasar un tiempo encerrada, uno de los guardias empezó a sentir lástima por la princesa, y en sus encierros trataba de animarla y darle conversación. Así de esta forma, con el paso del tiempo se fueron haciendo buenos amigos. Un día la princesa pidió a su guardián, que dada la amistad que les unía, que por favor que la dejara escapar. Pero el soldado, que era noble y leal a su rey, no accedió a la petición de la princesa. Sin embargo, le respondió:
Desesperada la princesa trató de huir de palacio, pero el príncipe se dió cuenta y no lo consintió, pues todos los nobles de su reino y de los reinos vecinos, hablaban de la extraordinaria belleza de su esposa, y con eso aumentaba su fama de hombre excepcional, cosa que le producía un enorme placer y un gran orgullo. Tantas veces intentó la princesa escapar, que este acabó por encerrarla y puso varios guardias que la vigilaban constantemente.
La princesa lloró durante muchos días, sobre todo al darse cuenta de la enorme verdad de las palabras de su cruel marido. Y se acordaba de tantos y tantos jóvenes buenos y honrados a quienes había rechazado sólo por convertirse en una princesa.
Pero cuando la boda se acabó y las fiestas terminaron, ella se dió cuenta que su maravilloso príncipe no era tan maravilloso como ella pensaba. Era un terrible tirano con su pueblo, la presenta

La bella princesa
La bella princesa

ba como de un trofeo de caza, alardeando de su gran belleza y era egoísta y mezquino. Cuando descubrió que todo en su marido era una falsa apariencia, con la que había conseguido conquistarla, no dudó en decírselo, pero él con una gran y cínica sonrisa le respondió ... (ver texto completo)
La bella princesa

Vivía una vez en un pueblecito pesquero una joven de origen pobre, pero que era increíblemente hermosa, famosa en todo el reino por su belleza. Ella, conocedora de su belleza y de la admiración que despertaba entre los jóvenes del reino, rechazaba a todos los pretendientes que se acercaban a pedir su mano, y le decía con total seguridad a su madre “Tranquila mamá, que pronto vendrá un apuesto príncipe, que se enamorará de mí y me pedirá en matrimonio”. De pronto a lomos de un ... (ver texto completo)
Saludos y buén día. (por aquí un poco lluvioso)
Días después se celebró la boda del príncipe y Preciosa Rosa con todo esplendor, y vivieron muy felices hasta el fin de sus vidas.
Entonces ambos bajaron juntos, y el rey y la reina despertaron, y toda la corte, y se miraban unos a otros con gran asombro. Y los caballos en el establo se levantaron y se sacudieron. Los perros cazadores saltaron y menearon sus colas, las palomas en los aleros del techo sacaron sus cabezas de debajo de las alas, miraron alrededor y volaron al cielo abierto. Las moscas de la pared revolotearon de nuevo. El fuego del hogar alzó sus llamas y cocinó la carne, y el cocinero le jaló los pelos al ayudante ... (ver texto completo)
Entonces avanzó aún más, y todo estaba tan silencioso que un respiro podía oirse, y por fin llegó hasta la torre y abrió la puerta del pequeño cuarto donde Preciosa Rosa estaba dormida. Ahí yacía, tan hermosa que él no podía mirar para otro lado, entonces se detuvo y la besó. Pero tan pronto la besó, Preciosa Rosa abrió sus ojos y despertó, y lo miró muy dulcemente.
Él siguio avanzando, y en el gran salón vió a toda la corte yaciendo dormida, y por el trono estaban el rey y la reina.
En el establo del castillo él vio a los caballos y en los céspedes a los perros de caza con pintas yaciendo dormidos, en los aleros del techo estaban las palomas con sus cabezas bajo sus alas. Y cuando entró al palacio, las moscas estaban dormidas sobre las paredes, el cocinero en la cocina aún tenía extendida su mano para regañar al ayudante, y la criada estaba sentada con la gallina negra que tenía lista para desplumar.
Pero en esa fecha los cien años ya se habían cumplido, y el día en que Preciosa Rosa debía despertar había llegado. Cuando el príncipe se acercó a donde estaba el muro de espinas, no había otra cosa más que bellísimas flores, que se apartaban unas de otras de común acuerdo, y dejaban pasar al príncipe sin herirlo, y luego se juntaban de nuevo detrás de él como formando una cerca.
-“No tengo miedo, iré y veré a la bella Preciosa Rosa.”-

El buen anciano trató de disuadirlo lo más que pudo, pero el joven no hizo caso a sus advertencias.
Y pasados cien años, otro príncipe llegó también al lugar, y oyó a un anciano hablando sobre la cortina de espinos, y que se decía que detrás de los espinos se escondía una bellísima princesa, llamada Preciosa Rosa, quien ha estado dormida por cien años, y que también el rey, la reina y toda la corte se durmieron por igual. Y además había oído de su abuelo, que muchos hijos de reyes habían venido y tratado de atravesar el muro de espinos, pero quedaban pegados en ellos y tenían una muerte sin piedad. Entonces el joven príncipe dijo: ... (ver texto completo)
Pero alrededor del castillo comenzó a crecer una red de espinos, que cada año se hacían más y más grandes, tanto que lo rodearon y cubrieron totalmente, de modo que nada de él se veía, ni siquiera una bandera que estaba sobre el techo. Pero la historia de la bella durmiente “Preciosa Rosa”, que así la habían llamado, se corrió por toda la región, de modo que de tiempo en tiempo hijos de reyes llegaban y trataban de atravesar el muro de espinos queriendo alcanzar el castillo. Pero era imposible, pues ... (ver texto completo)
En cuanto sintió el pinchazo, cayó sobre una cama que estaba allí, y entró en un profundo sueño. Y ese sueño se hizo extensivo para todo el territorio del palacio. El rey y la reina quienes estaban justo llegando a casa, y habían entrado al gran salón, quedaron dormidos, y toda la corte con ellos. Los caballos también se durmieron en el establo, los perros en el césped, las palomas en los aleros del techo, las moscas en las paredes, incluso el fuego del hogar que bien flameaba, quedó sin calor, la ... (ver texto completo)
“Buen día, señora,” dijo la hija del rey, “ ¿Qué haces con eso?” – “Estoy hilando,” dijo la anciana, y movió su cabeza.

“ ¿Qué es esa cosa que da vueltas sonando tan lindo?” dijo la joven.

Y ella tomó el huso y quiso hilar también. Pero nada más había tocado el huso, cuando el mágico decreto se cumplió, y ellá se punzó el dedo con él.
Sucedió que en el mismo día en que cumplía sus quince años, el rey y la reina no se encontraban en casa, y la doncella estaba sola en palacio. Así que ella fue recorriendo todo sitio que pudo, miraba las habitaciones y los dormitorios como ella quiso, y al final llegó a una vieja torre. Ella subió por las angostas escaleras de caracol hasta llegar a una pequeña puerta. Una vieja llave estaba en la cerradura, y cuando la giró, la puerta súbitamente se abrió. En el cuarto estaba una anciana sentada ... (ver texto completo)
El rey trataba por todos los medios de evitar aquella desdicha para la joven. Dio órdenes para que toda máquina hilandera o huso en el reino fuera destruído. Mientras tanto, los regalos de las otras doce hadas, se cumplían plenamente en aquella joven. Así ella era hermosa, modesta, de buena naturaleza y sabia, y cuanta persona la conocía, la llegaba a querer profundamente.
Todos quedaron atónitos, pero la duodécima, que aún no había anunciado su obsequio, se puso al frente, y aunque no podía evitar la malvada sentencia, sí podía disminuirla, y dijo: “ ¡Ella no morirá, pero entrará en un profundo sueño por cien años!”
Cuando la décimoprimera de ellas había dado sus obsequios, entró de pronto la décimotercera. Ella quería vengarse por no haber sido invitada, y sin ningún aviso, y sin mirar a nadie, gritó con voz bien fuerte: “ ¡La hija del rey, cuando cumpla sus quince años, se punzará con un huso de hilar, y caerá muerta inmediatamente!” Y sin más decir, dio media vuelta y abandonó el salón.
La fiesta se llevó a cabo con el máximo esplendor, y cuando llegó a su fin, las hadas fueron obsequiando a la niña con los mejores y más portentosos regalos que pudieron: una le regaló la Virtud, otra la Belleza, la siguiente Riquezas, y así todas las demás, con todo lo que alguien pudiera desear en el mundo.
Lo que dijo la rana se hizo realidad, y la reina tuvo una niña tan preciosa que el rey no podía ocultar su gran dicha, y ordenó una fiesta. Él no solamente invitó a sus familiares, amigos y conocidos, sino también a un grupo de hadas, para que ellas fueran amables y generosas con la niña. Eran trece estas hadas en su reino, pero solamente tenía doce platos de oro para servir en la cena, así que tuvo que prescindir de una de ellas.
La bella durmiente

Hace muchos años vivían un rey y una reina quienes cada día decían: “ ¡Ah, si al menos tuviéramos un hijo!” Pero el hijo no llegaba. Sin embargo, una vez que la reina tomaba un baño, una rana saltó del agua a la tierra, y le dijo: “Tu deseo será realizado y antes de un año, tendrás una hija.”
Pues a lo dicho, jejejje con estas amigas y unos cuantos más espero disfrutar de nuestras fiestas de San Mateo, y después esperamos que sin resacón jajaja, caminito y "pa" Santiago, aunque este año será desde Salinas (Castillon) a Ribadeo.
BUEN CAMINO.
Saludo rs.
Buenos días Qnk. Como "mis niños" aún duermen, he decidido pasar a darte los buenos días y aprovechar para preguntarte cómo te va eso de "abuelear". A mí me va estupendamente, aunque dentro de unos días Aitor comience el "cole" y ya no podré disfrutar tanto de él.
¿Has terminado ya las vacaciones? Nosotros hace días que las terminamos y ya andamos por aquí con la rutina diaria.
Un beso y hasta pronto.
Hola Milagros y foreros, las vacaciones no las he terminado, me quedan unos días y los tomaré a partir del 14 hasta finales.
Y a lo otro ni te contesto, jejejejjeje
Un beso agüelarra.
– ¡Ahhhhhh! – Exclamó Juan al sentir los peces en su cara – ¡Qué miedo! La princesa reía viendo cómo unos simples peces de colores habían asustado al que permaneció impasible ante espectros y aparecidos: Te guardaré el secreto, dijo la princesa. Y así fue, y aún se le conoce como Juan Sin Miedo.
– Dime qué motivo tienes para interrumpir mi sueño.

Como no contestara, agarró un extremo de la venda y tiró. Retiró todas las vendas y encontró a un mago:

– Mi magia no vale contra ti. Déjame libre y romperé el encantamiento.

La ciudad en pleno se había reunido a las puertas del castillo, y cuando apareció Juan Sin Miedo el soberano dijo: “ ¡Cumpliré mi promesa!” Pero no acabó aquí la historia: Cierto día en que el ahora príncipe dormía, la princesa decidió sorprenderle regalándole una ... (ver texto completo)
– ¡Uhhhhhhhhh! Un espectro tenebroso se deslizaba sobre el suelo sin tocarlo.

– ¿Quién eres tú, que te atreves a despertarme? Preguntó Juan.

Un nuevo alarido por respuesta, y Juan Sin Miedo le tapó la boca con una bandeja que adornaba la mesa. El espectro quedó mudo y se deshizo en el aire.

A la mañana siguiente el soberano visitó a Juan Sin Miedo y pensó: “Es sólo una pequeña batalla. Aún quedan dos noches”. Pasó el día y se fue el sol. Como la noche anterior, Juan Sin Miedo se disponía ... (ver texto completo)
– Se lo agradezco, Su Majestad, pero yo sólo he venido para saber lo que es el miedo, le dijo Juan.

“Qué hombre tan valiente, qué honesto”, pensó el rey, “pero ya guardo pocas esperanzas de recuperar mis dominios,…tantos han sido los que lo han intentado hasta ahora…”

Juan sin Miedo se dispuso a pasar la primera noche en el castillo. Le despertó un alarido impresionante.
El más fuerte le acompañó al Salón del Trono. El monarca expuso las condiciones que ya habían escuchado otros candidatos: Si consigues pasar tres noches seguidas en el castillo, derrotar a los espíritus y devolverme mi tesoro, te concederé la mano de mi amada y bella hija, y la mitad de mi reino como dote.
Quizá, quizá allí pueda sentir el miedo, se animó Juan.

Juan decidió caminar, vislumbró a lo lejos las torres más altas de un castillo en el que no ondeaban banderas. Se acercó y se dirigió a la residencia del rey. Dos guardias reales cuidaban la puerta principal. Juan se acercó y dijo:

– Soy Juan Sin Miedo, y deseo ver a vuestro Rey. Quizá me permita entrar en su castillo y sentir a lo que llaman miedo.
Juan recogió sus cosas, se despidió de su hermano y de su padre, y emprendió su camino.

Cerca de un molino encontró a un sacristán con el que entabló conversación. Se presentó como Juan Sin Miedo.

– ¿Juan Sin Miedo? ¡Extraño nombre! – Se admiró el sacristán.

– Verás, nunca he conocido el miedo, he partido de mi casa con la intención de que alguien me pueda mostrar lo que es, – dijo Juan

– Quizá pueda ayudarte: Cuentan que más allá del valle, muy lejos, hay un castillo encantado por un ... (ver texto completo)
– Muchas veces oigo relatos que hablan de monstruos, fantasmas,… y al contrario de la gente, no siento miedo. Padre, quiero aprender a sentir miedo.

El padre, enfadado, le gritó:

– Estoy hablando de tu porvenir, y ¿tú quieres aprender a tener miedo? Si es lo que quieres, pues márchate a aprenderlo.
Hijo mío, sabes que no tengo mucho que dejaros a tu hermano y a ti, y sin embargo aún no has aprendido ningún oficio que te sirva para ganarte el pan. ¿Qué te gustaría aprender?

Y le contestó Juan:
Juan sin Miedo

Erase una vez, en una pequeña aldea, un anciano padre con sus dos hijos. El mayor era trabajador y llenaba de alegría y de satisfacción el corazón de su padre, mientras el más joven sólo le daba disgustos. Un día el padre le llamó y le dijo:
—Dime lo que quieres como recompensa —dijo el rey, abrazando y besando a su hija—. Te daré lo que pidas, si está en mi mano el concedértelo.

Jorge dijo que como recompensa deseaba desposarse con la joven más bella del reino, la princesa Sabra.

Y el rey aceptó viendo el valor del joven Jorge y la complacencia de su hija Sabra.
Entonces Jorge sacó su larga espada. Sosteniéndola entre ambas manos, la hizo girar una y otra vez sobre su cabeza, recorrió con ella el escamoso pecho del dragón y la hundió entre dos escamas. La tierra tembló cuando el dragón, bramando y rugiendo, cayó de espaldas dando manotazos en el aire.

Avanzando con coraje, Jorge levantó su espadón y lo dejó caer con todas sus fuerzas sobre la cabeza del monstruo.

Cuando las gentes vieron que el dragón había muerto, se pusieron a aplaudir y dar vítores. ... (ver texto completo)
El caballero montó sobre su caballo y se lanzó a galope hacia el dragón.

Entonces Jorge cogió su hacha de combate con ambas manos, la giró sobre su cabeza, y le asestó un golpe donde creyó que estaba el corazón. Pero el monstruo no tenía corazón, y el hacha quedó hecha añicos. Con un golpe de su inmensa cola, el dragón lo tiró al suelo.
En aquel momento, un caballero vestido con una armadura detuvo su caballo junto al lago para darle de beber. Se llamaba Jorge, y era el hombre más valiente del reino. Al mirar en dirección a la ciudad vio al dragón junto a la princesa, proyectando con sus alas una inmensa sombra sobre la joven. Tenía el cuello arqueado y la boca abierta de par en par. El calor de su fétido aliento había chamuscado el dobladillo del vestido blanco de la princesa y las puntas de su dorada cabellera.
La bella princesa Sabra fue conducida a través de las ruinosas puertas de la ciudad y, justo a las afueras de la misma, la ataron a un poste de madera.

El dragón levantó la cabeza, que tenía apoyada sobre sus patas, y salió arrastrándose del lodo. Extendió sus alas y se lanzó, medio corriendo, medio volando, hacia donde estaba la princesa.
Aquella noche el dragón se presentó otra vez en la ciudad en busca de la joven más pura y hermosa. Al no encontrarla, prendió fuego a otra hilera de casas.

— ¡La ciudad quedará arrasada si no le das al dragón lo que quiere! —exclamaron las gentes. Y por fin, el rey tuvo que ceder.