Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Todos tenían las orejas muy grandes y los pies y las piernas largas. Los tres vestían suéteres de lana.

Rita Conejo llevaba un suéter de color rosa. Roger Rabbit uno verde. Y Ronnie llevaba uno azul.
Pero ¿por qué alguien no lo llevaba a casa?

¿Por qué, se preguntó, él era mucho más hermoso que otros osos que habían encontrado un hogar?

Osito Wolstencroft
Osito Wolstencroft

Entonces, un día, poco antes de la Pascua, tres conejos fueron colocados en la estantería al lado de él.
Él estaba tratando de no llorar porque sabía que las lágrimas hincharían sus ojos y los pondrían rojos y tendría aún menos posibilidades de encontrar un hogar.
Wolstencroft sentía triste y solo. Él anhelaba tener un niño que lo llevara a casa y lo quisiera y jugara con él. Pero, sobre todo, para abrazarlo. Porque ningún abrazo es demasiado grande para un oso de peluche.
Tenía la esperanza de que Santa Claus se lo llevaría el día de Navidad, y lo llevaría a un buen hogar. Pero no lo había hecho. Papá Noel había estado demasiado ocupado ese año, habia entregado mas de regalos de lo habitual.
Pero, uno por uno, todos se habían ido. Alegremente decian adiós, ya que fueron llevados a sus nuevos hogares. Hasta que finalmente, él era el único oso de peluche que quedaba en toda la tienda.
En ese momento no quedaban otros osos para hacerle compañía. De hecho, había habido tantos osos de peluche juntos en aquella estantería que apenas había tenido espacio para moverse.
Había llegado a la tienda justo antes de Navidad, cuando se había montado un gran árbol precioso en la ventana, decorado con luces de colores, y metros y metros de oropel espumoso habían cubierto todo, y música de fiesta había estado sonando todo el tiempo. Wolstencroft era especialmente aficionado a los cascabeles. Le gustaba como brilaban y su tintinear. Siempre lo hacía sentir feliz.
Wolstencroft parecía muy inteligente, llevaba un chaleco de tela escocesa marrón con una corbata de lazo dorado en su cuello.

Junto a su corbata llevaba una etiqueta con su nombre escrito en letras en negrita: Wolstencroft.
Su piel era de un precioso tono gris claro, y tenía de color miel las orejas, la nariz y los pies. Sus ojos eran cálidos y amables y tenía una mirada maravillosamente sabia en su rostro.
Osito Wolstencroft

Hace mucho tiempo nació un hermoso y gran oso que se sentaba en un estante en un tienda de juguetes a la espera de que alguien lo compre y le de un hogar.

Su nombre era Wolstencroft. Y no era un oso ordinaria.
Pues yo veo que han abierto un campo justo debajo de la foto que te permite enviar el mensaje más rápidamente, no se donde ves el problema.
Ayer ese campo no lo ví, jejejeje.
será que hoy me lo han puesto. jejje
Menudo mapa, casi no podias poner tantos nombres
Uffffff! estos de pueblos de España lo han puesto hoy un poco complicado para enviar los mensajes bajo la foto que elegimos.
El caso es pinchar, seleccionar, copiar, pegar, enviar........................ ........ para tardar más claro.

Buén día. rs
Eso se le quedó grabado y cuando su amigo y él se hicieron mayores utilizaban parte de su tiempo en visitar a los niños que estaban enfermos en los hospitales, para vestirse con toda clase de disfraces, y conseguir que todos los niños sonriesen, y fueran felices con su actuación. Para ellos arrancar una sonrisa de los niños era lo más maravilloso del mundo.
¡allí estaban todos los disfraces que había utilizado su buen amigo para intentar alegrarle!
Cuando llegó se decidió a contarle todo a sus amigos, narrando las cotidianas visitas que recibía y las cosas tan raras que había visto. Todos le miraban extrañados, menos su mejor amigo, que sonreía con gran felicidad, y entonces se percató que algo extraño asomaba de su mochila. Le preguntó qué era, y tanto le insistió, que finalmente pudo ver el contenido de la mochila:
El niño estaba tan sorprendido de todo este desfile que dudaba si eran reales o producto de un maravilloso sueño, así que decidió no contárselo a nadie, aunque aquellos personajes terminaron alegrando el espíritu y el cuerpo del niño, y en muy poco tiempo este mejoró notablemente y pudo volver al colegio.
a dejar pasar los días triste y decaído, mirando al cielo a través de la ventana.

Niño enfermo
Niño enfermo

Pasó algún tiempo, y cada vez estaba más desanimado y enfadado, hasta que un día se abrió la puerta de su habitación, y de pronto vio una extraña sombra: era un pingüino comiendo un bocata de chorizo, entró a la habitación, le dio las buenas tardes, pego una serie de extraños saltos y se fue por donde había entrado. El niño se quedó muy extrañado, y aún no sabía qué había sido aquello, ... (ver texto completo)
Niño Enfermo

Estaba una vez un niño jugando al futbol con sus amigos, cuando de pronto al meter el pie en un hueco del campo se rompió la pierna. Pronto le escayolaron toda la pierna y tuvo que guardar reposo en la cama en su habitación. Tenía que estar todo el día en la cama sin poder moverse. El pobre sufría mucho por ello, al no poder correr y jugar con sus amigos, y por ello empezó
Myrsina y el príncipe se casaron, y por fin la muchacha obtuvo en vida todo lo que merecía: bienes, riqueza, dicha y felicidad. Por supuesto, no pudo olvidarse nunca de sus malvadas hermanas mayores quienes una vez más intentaron herirla. Pero, para esta ocasión, Myrsina no estaba sola, sino que contaba con las tropas de su príncipe para protegerla. Ella jamás volvería a sufrir, la vida padecida había quedado atrás para siempre.
La misma contemplación de la belleza de Myrsina maravilló al príncipe. No conocía a la joven, pero imaginó que podría averiguar quién era si miraba el grabado del sello que había puesto en su dedo. Cuando el príncipe retiró el anillo, Myrsina volvió de forma grácil a la vida ¿Cómo no podía enamorarse de aquel apuesto joven que la había salvado?
Tanto declaró su capricho que finalmente se lo entregaron, con una sola condición: que jamás lo abriese. Su promesa se mantuvo firme mientras la vida le sonreía al príncipe. Pero, un día, la mala suerte quiso que enfermase tan gravemente que el príncipe avistó la muerte. No quería expirar sin saber qué había en su interior. Así que lo abrió.
Algo de tiempo transcurrió, hasta que un príncipe, por vicisitudes del destino, arribó a la morada de los Meses, en busca de estancia. Siempre tan hospitalarios, lo acogieron, y le dieron el mejor de sus aposentos ¡Era la sala donde se halla el dorado cofre! Tan llamativo y preciado, el príncipe anheló poseer el baúl, y amablemente lo pidió a los Meses.
Taimadas, las hermanas sabían que su madre era el punto débil de Myrsina, y que nada haría ésta para desafiar sus deseos. Recogió el anillo y… se lo puso, y casi al instante cayó redonda al suelo. Cuando la familia Meses volvió, y la encontró en el suelo, acentuó un profundo lamento. La lloraron y, después, guardaron su cuerpo en un cofre de oro.
Acabada la visita, Myrsina entregó el pastel al perro, el cual murió. De nuevo llegaron palabras a sus hermanas mayores de que seguía viva, y nuevamente ellas tercamente volvieron a la casita del bosque. Myrsina, joven precavida a estas alturas, no les abrió la puerta, pese a que ellas prometían darle en regalo un anillo que había pertenecido a su madre, y que por herencia le correspondía a ella ahora.
Myrsina vivió allí, feliz y a salvo, y sintió lo que por infortunio la vida le había privado: el calor familiar. Entretanto, todos sabemos lo veloces que son los rumores, sobre todo en boca de determinadas personas. Así fue como llegó a oídos de sus hermanas que Myrsina seguía viva, y con mezquindad la visitaron. Su cita no respondía a buenas intenciones, pues querían acabar con su pequeña hermana a toda casta, para lo cual le dieron un regalo envenenado en forma de pastel. Respecto a lo pasado en ... (ver texto completo)
Myrsina se refugió allí, pero no se aprovechó, puesto que el hogar estaba perfectamente cuidado con ella allí. Entre tarea y tarea, los Meses, propietarios de la morada, retornaron. Myrsina se escondió a tiempo, pero enseguida los dueños se percataron de que alguien había estado haciendo labores en su casa. Un par de vistazos, y Myrsina fue descubierta, aunque nada malo le hicieron. De hecho, la acogieron como hermana de la familia Meses.
Tal cual se ha contado procedieron, y allí la dejaron con su suerte, hasta que ésta se percató del engaño perpetrado. Los llantos sucedieron a los quejidos y sollozos, y los árboles se estremecieron ante la ternura del apenado sonido. Tanto se afligieron que despertaron, y un árbol se dirigió a Myrsina, para ayudarla, diciéndole que dejase rodar el pan por la colina, para ir después en su busca. Myrsina, paralizada por la tristeza y el susto, hizo caso al árbol. Rodó, rodó y ¡cayó! En medio de un ... (ver texto completo)
Las tres hermanas se atiborraron de víveres y se dispusieron a hacer la comida tradicional de picnic enfrente de la tumba de su madre, en medio del bosque. Finiquitado el disfrute, las hermanas, simulando sorpresa, comentaron que habían olvidado la pala. De esa forma, no había enterramiento ni memorial posibles. Ellas mismas se ofrecieron a ir a por la dichosa herramienta, con la malévola intención de abandonar a Myrsina en el bosque.
Entre celos, las celosas hermanas urdieron un plan, usando como excusa la memoria de la madre de ellas, así de viles eran. Propusieron la hermana mediana y la mayor honrar a su progenitora con un monumento en su recuerdo o, por otro lado, volviendo a enterrar su cadáver en un lugar mejor.
Myrsina

Myrsina es el nombre de una muchacha que no por bella había tenido más suerte en la vida. En efecto, era la más joven de tres hermanas, las cuales nefastamente vivían en orfandad. La vida de por sí no era fácil para Myrsina, y sus hermanas tampoco ayudaban, pues morían de celos por su belleza. Y es que, de las tres huérfanas, incontestablemente la más preciosa era Myrsina. Así lo había declarado el Sol hasta en tres ocasiones.
- ¡esto es un milagro!-exclamó el anciano.

Ese día salieron a la plaza del pueblo, al puesto donde nadie se paraba.

Los muñecos bailaron, jugaron e hicieron la torre.

¡Todos los niños asombrados quisieron llevarse uno de esos juguetes asombrosos!

Fin
Al amanecer, el anciano entró en el taller para ver a sus juguetes.

¡Se quedó asombrado!

-Mira abuelito-le dijo el payaso alegre-Vamos a hacer una torre para que veas lo robustos que somos.
Entonces, los juguetes se pusieron a jugar haciendo una torre uno encima de otro.

¡cuál sería su sorpresa al ver que sus cuerpos no se doblaban sino que eran tan robustos como los juguetes mecánicos!
Dicho y hecho.

Aquella misma noche un duendecillo volador, todo vestido de verde, hizo caer sobre los juguetes de trapo una lluvia de polvo de estrellas azules mágicas.
- ¡no os pongáis tan tristes, amigos!-dijeron los ratoncillos del taller-Nosotros os devolveremos vuestro buen humor.
Pasaban los días y los juguetes cada vez estaban más tristes.
- ¡qué va a ser de mis queridos juguetes cuando se den cuenta de que los niños ya no quieren jugar con ellos!
Un buen día, Ángel se dio cuenta de que ya hacía mucho tiempo que no vendía ningún juguete, y se puso tan triste que empezó a llorar a cantaros.
En los años anteriores, de 1941 a 1943, en la procesión “En El Calvario” desfiló una imagen del Cristo de los Espejos que se venera en el Convento de las Madres Carmelitas.

Precisamente esta imagen del Convento de Carmelitas fue expuesta en la parroquia de El Salvador junto a la titular del Cristo de los Espejos, en esta misa conmemorativa, y desde el 16 de julio al 15 de octubre pasados se pudo contemplar, junto a otras imágenes religiosas y mobiliario teresiano en la Exposición del Convento ... (ver texto completo)
Los hermanos homenajeados, en algunos casos ausentes, fueron Jesús García Domínguez, Fernando Pinedo Pérez (ambos dados de alta en 1930), Felipe Jiménez Pérez (1941), Óscar Pinar Álvaro, Jaime Pinar Álvaro, María Dolores Pérez Armero (los tres de 1942), José Antonio Castellanos López, Ángel Chafé García, Alfonso Olivares de la Rosa (los tres de 1943), Bernabé Yébenes López y Jesús Martínez Fernández (ambos dados de alta en 1944).
FUNCIÓN SOLEMNE CONMEMORATIVA

Para conmemorar este 70 aniversario de la llegada a Cuenca del Cristo de los Espejos se celebró una misa en El Salvador, oficiada por el consiliario de la Hermandad, José Martínez Arcas, en la que se les impuso una medalla de plata del Cristo de los Espejos a diez hermanos y una hermana que ya lo eran antes de ser traída a Cuenca la talla de Marco Pérez, que desfiló por vez primera en la Semana Santa de 1944. La Hermandad del Stmo. Cristo de la Luz entregó al Convento ... (ver texto completo)
A las cuatro de la tarde la procesión se reanudó, llegando el cortejo a la Catedral, donde hizo estación. A las cinco había salido de la parroquia de El Salvador la procesión del Entierro, también con destino a la Catedral, y en el descenso por Alfonso VIII, Palafox la Trinidad y Carretería (entonces Avda. José Antonio), desfilaron juntas la procesión “En El Calvario” y la del Santo Entierro, que pasó por Carretería a las diez y media de la noche, con la presidencia, por vez primera, del obispo Inocencio.
EL CRISTO DE LOS ESPEJOS DESFILÓ POR VEZ PRIMERA EN 1944, EN “EL CALVARIO”, Y EN EL DESCENSO, UNIENDO EL CORTEJO CON EL SANTO ENTIERRO

El Cristo de los Espejos desfilando por Carretería, en sentido inverso, hacia 1957.
Por tanto, la talla actual del Cristo de los Espejos desfiló el Viernes Santo 9 de abril de 1944, con lo que en 2014 se cumplirán 70 años, y en esa primera ocasión no faltó la anécdota que forma parte de la historia, ya que salió en “El Calvario” y en la procesión del Entierro. ... (ver texto completo)
Se trataba precisamente de “El Descendimiento”, que salió por vez primera en Ciudad Real en 1944. Allí reconocían que el “paso” lo habían encargado la Comisión de Cuenca, junto al Ayuntamiento y la Diputación, pero que quizá por cuestiones económicas fue vendido a Ciudad Real. Para Cuenca se hizo de cara al año siguiente, pues el trabajo ya estaba “avanzado”.
Y efectivamente, Luis Marco Pérez hizo el grupo escultórico del “Descendimiento” para la Semana Santa de Cuenca, pero a la hora de hacer el envío del “paso”, el camión se presentó en Ciudad Real en lugar de Cuenca. En “Ofensiva” se escribía en un suelto el 6 de abril de 1944, en la referida sección “Las Horas de Mangana”: “Este año únicamente saldrán dos pasos en nuestras procesiones; son éstos “El Cristo de los Espejos” y “San Pedro y el judío Malco”, este último de Leonardo Martínez Bueno. “Teníamos ... (ver texto completo)
La última referencia en “Ofensiva” sobre la talla del Cristo de los Espejos y Marco Pérez, sin dar cuenta en los siguientes números el traslado a la parroquia de El Salvador, es como sigue: “Una vez terminada la meritoria escultura del Cristo de los Espejos, comenzará nuestro paisano, el laureado escultor Marco Pérez, el “paso” del “Descendimiento”, con destino a las procesiones de Semana Santa de nuestra capital”.
En la página 2, y en “Las Horas de Mangana” se dice en la quinta nota: “Está siendo muy admirada la escultura del Cristo de los Espejos que, según los entendidos, es una de las mejores de nuestro paisano Sr. Marco Pérez. Dicha imagen se halla en la iglesia de San Antón de esta capital”. Es decir, que la talla del Cristo de los Espejos debió estar en la ermita de la Virgen de la Luz entre tres y cuatro días.
La edición de “Ofensiva” del domingo 14 de noviembre se ocupa ampliamente en el interior de la entrada en Cuenca del nuevo prelado, y con este titular a cinco columnas en la primera página: “Entusiasmo de Cuenca al paso por las calles de su prelado”.