Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

- Es que si no la veo, no os podré ayudar – respondió el chacal.
- ¡Pues una jaula de bambú normal!
- ¿En una jaula?- lo interrumpió el chacal. – Y cómo era?
- Es muy fácil, dijo el tigre. Yo estaba encerrado en una jaula de bambú…
- Uff…. pues es que soy un poco tonto y no puedo imaginar las cosas si no las veo
Entonces se cruzaron con un chacal. Cuando le plantearon la duda, el chacal dijo:
- Nuevamente, el tigre saltó sobre el viejo sabio. Pero este le recordó que sólo le habían preguntado a dos seres y que todavía faltaba uno.
- A los hombres les gusto en primavera y en verano, cuando comen mis frutos y vienen a yacer bajo mis ramas para dormir. Pero en invierno, me cortan las ramas y me calan fuego. No me hables de justicia. Yo creo que estás en tu derecho de comértelo, tigre.
El mango hizo un movimiento con las ramas y contestó:
- Amigo mango. ¿Tú piensas que es justo que este tigre me coma después que lo haya liberado de una jaula donde estaba preso?
Entonces pasaron por debajo de un mango. El sabio se dirigió a él:
- De acuerdo, de acuerdo- dijo el tigre. Pero vayamos rápido, ¡que hace días que no como nada!
- ¡Un momento! – dijo el sabio. Hemos acordado que le preguntaríamos a tres seres vivos y este era solo el primero.
La boca del tigre se llenó de saliva. No lo pudo evitar y volvió a saltar sobre el viejo. ¡Tenía mucha, mucha hambre!
Cuando era joven, trabajaba de sol a sol en el campo. Tiraba del carro todo el día, para que mi amo labrara el campo. Pero ahora que soy viejo, me ha echado de casa porque ya no sirvo para trabajar. Los hombres no son justos…Tigre, te lo puedes comer.
- Hola, amigo buey. Tenemos una duda y te la queremos consultar. Este tigre estaba prisionero en una jaula y me ha pedido que lo liberara para ir a beber agua. Me prometió que no me comería, pero después de liberarlo quiere comerme. Crees que es justo?
Por allí pasaba un buey. El sabio y el tigre se le acercaron.
- Ummm.... De acuerdo – dijo el tigre. Pero que sea rápido, eh? Que tengo mucha hambre.
- Pero yo he confiado en ti – respondió el sabio. Haremos una cosa. Preguntaremos a los tres primeros seres vivos que pasen por aquí si es justo que me comas. Si todos dicen que si, no pondré resistencia y me podrás comer. Pero si sólo uno de ellos dijera que no es justo, no me tocarás ni un pelo!
- Sí que es justo. ¡Tengo derecho a comerte! – replicó el tigre
- No es justo, esto! Yo te he liberado y ahora tu me quieres comer! Me has prometido que no lo harías. Hemos hecho un pacto. ¡No es justo!
- ¡Oh! viejo sabio, has sido muy inocente con dejarme salir. ¡Ahora te comeré!
El sabio se quedó pensativo por unos momentos. Pensó que el tigre decía la verdad y le abrió la jaula. Entonces, el tigre, que estaba más hambriento que sediento, saltó sobre el sabio con la boca abierta mientras le decía:
- No viejo sabio, no te comeré. Todo lo contrario, te estaré muy agradecido y te obedeceré en todo Sólo iré a beber agua al río y volveré a mi jaula. Te lo prometo.
- Si te libero, me comerás – dijo el viejo sabio.
Un día pasó un viejo sabio cerca de la jaula. El tigre le dijo que tenía mucha sed y le suplicó que lo dejara salir para ir a beber al río.
El tigre, el sabio y el chacal (Cuento popular indio)

Este cuento indio explica la historia de un tigre enjaulado que cuando se vió libre no quiso cumplir un pacto. Y es que las malas intenciones se acaban pagando
En un pueblo de la India había un tigre que por las noches se comía los corderos y las ovejas de la gente. Un día, consiguieron encerrarlo en una jaula de bambú y la gente se quedó tranquila, porque ya no podría atacar a sus animales.
El búho le dijo: “Entonces tendré que cazar por las noches, cuando el cuervo está dormido. Y llamaré al pájaro Cu hasta que regrese.
“Yo lo buscaré por el camino,” agregó el correcaminos.
“Muchas gracias. ¿Pero qué es lo que debo hacer?” preguntó el búho.
“Debes quedarte acá,” le advirtió el correcaminos. El cuervo ha jurado que te matará si no le devuelves su pluma.”
Después de lo cual empezaron a perseguir al búho. El búho encontró refugio en el agujero de un árbol. Y así pasaron los días, en los que el búho se preguntaba cómo hacer para que el pájaro Cu regresara del cielo. Un día recibió una visita.
“Pasa, correcaminos,” exclamó el búho. “Me alegra mucho verte.”
“Te he traído algo para cenar,” dijo el correcaminos.
Entonces el loro dijo: “Ninguno de nosotros ha podido volar nunca hasta el cielo. Eso sólo nos puede traer problemas. Todos vamos a tener que pagar por su vanidad.”
“Es culpa del búho” dijo el pavo real. “Yo se lo advertí.”
El búho, viejo y pesado, trató de seguirlo, pero sus cortas alas no estaban hechas para ese tipo de vuelo. Lentamente, haciendo espirales bajó a la tierra, donde encontró a las otras aves esperándolos en las ramas de los árboles.
En poco tiempo el pájaro Cu era el ave mejor vestida de los alrededores. Hasta el pavo real admiraba en silencio su plumaje. Extendiendo sus resplandecientes alas, el pájaro Cu voló directamente hacia el estanque donde pudo ver reflejada su imagen y se quedó maravillado y luego salió veloz como un rayo hacia el cielo.
Todos, incluyendo al pájaro Cu, se preguntaban qué hacer.
“Ya sé,” dijo el búho. “Si cada uno de ustedes le da una pluma yo lo vigilaré y los protegeré a todos ustedes de su vanidad.”
Y estaba el pájaro Cu a punto de recibir su nuevo abrigo, cuando repentinamente el pavo real chilló: “ ¡No! Con todas esas plumas él estará pavoneándose lleno de orgullo.”
“Pero no lo podemos dejar desnudo,” dijo la paloma. “El es la vergüenza de la comunidad de aves.”
Todas las aves estuvieron de acuerdo en que era una idea estupenda. El loro le dió una pluma verde, el canario una amarilla, el pájaro de guinea le ofreció una pluma plateada; el cuervo una negra; la del cisne era blanca; y el petirrojo le dió un pluma roja y brillante.
Pero las otras aves estaban preocupadas.
“ ¿Qué podemos hacer por él?” preguntó el búho.
“ ¿Qué pena me da esa pequeña cosa,” dijo la paloma.
“Luce tan feo,” agregó el pavo real. “Todos los otros animales hablan de él.”
Las aves estuvieron de acuerdo en que algo tenía que hacerse.
En eso el búho dijo: “Si cada uno de nosotros le da una pluma quedará completamente cubierto y nosotros no sentiremos la diferencia.”
El pájaro Cu. (Cuento mexicano)

Cuando Dios hizo el mundo, tuvo mucho cuidado en darle forma a las aves. Hizo sus cuerpos y luego los cubrió de plumas, creando al búho, a la paloma y al pavo real; cada uno diferente del otro. Pero luego se le acabaron las plumas. La última ave que quedaba era el pájaro Cu que no pudo recibir plumas. Al pájaro Cu eso no le importaba. Podía ir al lugar que quisiera, y no le importaba estar tan desnudo como la palma de la mano.
Fuente: Web de recursos de Asia: www. casaasia. es
Desde entonces el koala ya no bebe nunca agua como los otros animales, y se pasa los días y las noches subido a los árboles. La vida del emú también cambió pues desde entonces, no ha dejado de correr agitando sus alas cada vez más pequeñas, intentando sin éxito, volver a volar como lo hacía en aquél “Tiempo de los sueños”.
Ni cuando la sed le asaltaba cedió en su empeño, pues descubrió que en las hojas verdes se escondía un poco de agua, quizás menos de la que cabía en una sola gota, pero suficiente para poder sobrevivir.
Cuando se volvió hacia el koala que contemplaba la escena, el emú tenía un gesto tan aterrador que el pobre koala se encaramó de un salto al árbol más cercano. Una vez allí decidió que jamás volvería a poner un pie en el suelo, temiendo que el emú la emprendiera con él.
Tanto llegó a crecer su cuerpo orgulloso que cuando quiso pavonearse levantando el vuelo, el peso de su enorme cuerpo no le dejó volver a volar. Furioso y asustado, el emú empezó a correr arriba y abajo, estirando el cuello tanto como le era posible hacia el cielo, intentando tirar de él sin ningún resultado.
- ¡Seguro que éramos los pájaros los que teníamos razón! Por eso somos superiores a los animales que viven en los árboles. Además somos muy inteligentes y sabemos volar...
Pero el emú entendía esto como una derrota. Era demasiado orgulloso y se creía mucho mejor que los demás. Esto hacía que de tantos elogios que se lanzaba a sí mismo, se fuera hinchando cada vez más y más, volviéndose grande y pesado, como un enorme globo cubierto de plumas:
- ¿A qué te refieres? –le preguntó el koala- pero si ya nadie recuerda el motivo que nos llevó a enfrentarnos... lo mejor es que volvamos a ser amigos, como antes lo fuimos, y nos olvidemos de la cuestión.
-Tenemos que resolver esta cuestión de una vez por todas, y ver finalmente quién tiene razón en nuestro debate.
Una vez, el emú se encontró al koala, y le dijo:
Todos se hicieron amigos menos el emú, un animal lleno de orgullo y tozudez, y que se resistía a relacionarse con sus semejantes que vivían en los árboles, a los que consideraba inferiores.
Muchas gotas de lluvia cayeron de las nubes hasta que, finalmente, se dieron cuenta de que ni siquiera recordaban el motivo que les había llevado a enfrentarse. Era tan ridículo continuar en aquellas circunstancias que decidieron volver a ser amigos otra vez, como si nada hubiera pasado.