Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Pero un día estalló una discusión de enormes dimensiones que les encerró en el silencio más absoluto: se retiraron la palabra los unos y los otros. Pasaron las horas, los días y las semanas, y ni con el tiempo se devolvieron el saludo.
Hace mucho tiempo, cuando el mundo vivía en el “Tiempo de los sueños”, los animales convivían en la más absoluta armonía y tranquilidad, ya que más o menos todos llevaban la misma vida, tranquila y sosegada.
EL KOALA Y EL EMÚ

¿Por qué el koala vive subido a los árboles si no es un pájaro? ¿Por qué el emú no puede volar si es un ave? Si quieres conocer los secretos que esconden estos animales australianos, lee el cuento del koala y el emú:
Pomperiposa se convirtió en piedra y dicen los animales del bosque que un día al año se vuelve a oír el horrible grito de la bruja.
Después de dar las gracias a los pájaros y a la sabia cigüeña volvieron rápidamente al castillo donde los padres les esperaban con gran preocupación por la tardanza de su paseo.
Inmediatamente se rompió el encantamiento y los dos patitos volvieron a ser el príncipe Pepe y la princesa Pepa, y el pequeño pájaro se convirtió nuevamente en el sirviente.
• ¡Aaaahhh!. El grito de Pomperiposa era el más espantoso que se podía oir.
Los dos príncipes que entendieron el mensaje indicaron a la bruja que mojase su nariz en el lago para refrescársela. Una de las veces que tenía su nariz dentro del agua pasó un cangrejo que llevaba varios días sin comer y viendo esa suculenta nariz la enganchó fuertemente con sus enormes tenazas.
• ¡Por fin he encontrado la solución para acabar con los hechizos de Pomperiposa! - gritaba a lo lejos la cigüeña que llevaba un gran libro en su pico. - ¡Solamente el grito más horroroso de la tierra acabaría con su hechizo ¡- explicaba la cigüeña.
En ese momento volvió a crecer otro trocito la nariz de la malvada bruja.
• Pío, pío... – dijo el sirviente pájaro saltando.
Pomperiposa estaba cerca del lago acariciándose su gran nariz. Al girarse observó que el sirviente de los príncipes se acercaba con una gran espada y ella reaccionó rápidamente convirtiéndole en un pájaro.
• Ahora iréis a nadar patitos míos – dijo Pomperiposa. Y los condujo al lago con su gran bastón.
Los pájaros que observaron todo fueron a buscar a la cigüeña, que es el pájaro más inteligente de todos los pájaros porque cada invierno va a Egipto a estudiar los jeroglíficos de las pirámides para que los aconsejara.
• Entrad, entrad- dijo. Yo soy vuestra hada. Os haré unos dulces con mermelada. El príncipe Pepe y la princesa Pepa la creyeron aunque sentían algo de miedo.
• Mmmmm- dijo Pomperiposa mientras les miraba.
• No he comido patos hace mucho tiempo. – al acabar de decir esto la bruja convirtió a los dos príncipes en dos patos pequeños y blancos.
• Uiii- dijo la bruja – la nariz me ha vuelto a crecer.
Pomperiposa, que les observaba desde la ventana sacó su enorme nariz de la casa y les miró.
Al encontrarse la casa de Pomperiposa se sorprendieron al verla formada de chorizos, jamones y bombones.
Como iban por el mismo bosque de la malvada Pomperiposa, los pájaros, conocedores del peligro que corrían, dejaron sus cantos y empezaron a avisar a los niños para que no continuasen su camino. Pero ellos no hicieron caso, preferían pasar una aventura, el castillo era demasiado aburrido.
Pero claro, los dos niños no entendían de normas y continuaron su caminata alejándose cada vez más del castillo.
• ¡Oh, he de ir al castillo a ponerme unas botas!, les dijo el sirviente. Antes de marchar les indicó a los príncipes que no se moviesen de ese lugar hasta que el volviese.
Un día los dos niños dijeron a su sirviente que querían dar un paseo por el bosque. Después de un rato de paseo llegaron a un lago y el sirviente, un poco despistado, se mojó sus zapatillas de seda.
En el mismo bosque donde vivía Pomperiposa vivía también un rey que tenía dos hijos: un príncipe llamado Pepe y una princesa llamada Pepa.
Nadie se atrevía en el bosque a acercarse a su vivienda porque la bruja era muy mala. Si alguien se atrevía le convertía en un objeto. Su única pena es que cada vez que encantaba a alguien su nariz crecía un poco más.
Vivía sola en una casita en medio del bosque. Su casita estaba hecha de chorizos, jamones y en vez de ladrillos había bombones.
Tenía dos ojos rojos y pequeños y una boca grande con sólo tres dientes. En las manos tenía muchas verrugas y en la espalda una gran joroba. Le gustaba mucho masticar tabaco.
¿Os podéis imaginar como era?.
EL CUENTO DE POMPERIPOSA Y SU GRAN NARIZ (SUECIA)
Había una vez, hace muchísimos años, una bruja muy vieja que se llamaba Pomperiposa. No es un nombre muy bonito, pero a pesar de todo, es más bello que ella misma.
Cuento clásico, referido por los Hermanos Grimm / Alemania.
Desde entonces, los ladrones no se atrevieron a volver nunca más a la casa.
En cambio a los cuatro amigos, el asno, el perro, el gato y el gallo, les gustó tanto que decidieron instalarse en ella y vivir juntos hasta el fin de sus días.
Y todavía todo el mundo los recuerda como los Músicos de Bremen.
— He visto en la casa a una bruja repugnante que me arañó la cara con sus largas uñas; detrás de una puerta me atacó un hombre con un cuchillo y me hirió en la pierna; al llegar al patio, un monstruo negro como el carbón me golpeó con un mazo mientras arriba, en lo alto del tejado, la voz del juez gritaba: « ¡Traédmelo aquí!». No sé ni cómo he podido llegar.
El ladrón corrió con todas sus fuerzas y llegó al bosque casi sin aliento. Allí contó lo sucedido:
El ladrón, horrorizado, echó a correr hacia la puerta trasera, pero allí despertó al perro, que saltó sobre él y le mordió en la pierna. Salió entonces al patio y tropezó con el asno, que, asustado, le propinó una buena coz. El gallo, con tanto ruido, se despertó y comenzó a gritar: ¡Quiquiriquí!
Pasada la medianoche, y al ver los ladrones desde lejos que ya no había luz en la casa, el jefe de la banda dijo:
— No deberíamos habernos asustado tanto -Y mandó a uno a inspeccionar la casa.
Cuando llegó y vio que todo estaba en completo silencio, entró en la cocina con la intención de encender una vela. Al ver los ojos relucientes del gato pensó que era algún rescoldo de carbón que seguía encendido y acercó la mecha para encenderla. Pero el gato, que no estaba para bromas, le saltó a la cara ... (ver texto completo)
Los cuatro amigos se sentaron a la mesa y comieron y comieron como para ayunar durante un mes. Cuando terminaron, apagaron las luces y buscaron acomodo para dormir cada uno a su aire y conforme a su naturaleza. El asno se echó en el patio sobre un montón de paja, el perro detrás de la puerta, el gato junto al fogón de la cocina y el gallo en una percha, y como estaban muy cansados del largo camino se echaron a dormir.
Se pusieron a deliberar sobre el modo de librarse de los ladrones, cosa nada fácil, pero encontraron la solución. El asno debía colocar sus patas delanteras sobre la ventana, el perro saltaría sobre el lomo del asno, el gato sobre el perro y finalmente el gallo levantaría el vuelo y se posaría en la cabeza del gato. Luego, una vez colocados cada uno en su sitio, el asno haría una señal y comenzarían a cantar a coro. Y así, el asno rebuznando, el perro ladrando, el gato maullando y el gallo cacareando, ... (ver texto completo)
El perro, por su parte, pensó que quizá allí conseguiría unos huesos y un poco de carne. Se pusieron en camino guiados por aquella luz que cada vez se hacía mayor hasta que se encontraron ante una casa que no era otra cosa que la guarida de unos ladrones. El asno, que era el más alto de todos, se acercó a la ventana y echó un vistazo al interior.
— ¿Qué es lo que ves? -preguntó el gallo.
— ¿Que qué veo? -contestó el asno-. Veo una mesa repleta de exquisitos manjares y bebidas y, alrededor de ella, ... (ver texto completo)
El gallo aceptó encantado y los cuatro prosiguieron su camino. Pero como no podían llegar a Bremen en un día, al caer el sol se detuvieron en un bosque y decidieron pasar allí la noche. El asno y el perro se echaron bajo un árbol, y el gato y el gallo se subieron a las ramas. El gallo prefirió instalarse en la copa, pensando que allí estaría más seguro. Antes de dormirse, miró a los cuatro vientos y le pareció divisar, no muy lejos, una pequeña luz. Llamó a sus amigos, cacareándoles que podría ser ... (ver texto completo)
Quieres dejarnos sordos? -dijo el asno-. ¿Qué te ocurre?
— ¿Es que aunque mi canto debería ser alegre y anunciar buen tiempo para hoy -dijo el gallo-, que es el día de Nuestra Señora, cuando la Virgen lava las camisas del Niño Jesús y las pone a secar, no puedo estar alegre: mañana es domingo y mi ama tiene invitados. Ha ordenado a la cocinera que esta noche me corte el gaznate y me convierta en pepitoria. Por eso grito desesperado con todas mis fuerzas.
— ¡Bueno, ¿Por qué no te vienes con nosotros ... (ver texto completo)
El gato aceptó y se unió a ellos.
Los tres fugitivos pasaron por una granja en la que un gallo gritaba con todas sus fuerzas.
El perro aceptó y juntos prosiguieron el camino.
Al poco tiempo se encontraron con un gato con cara de pocos amigos.
— Dinos, ¿qué te ha pasado, amigo? -preguntó el asno-. No pareces muy alegre.
— ¿Cómo voy a estarlo, si mi vida peligra? Me estoy haciendo viejo y, como prefiero acurrucarme junto a la chimenea en lugar de cazar ratones, mi ama ha querido ahogarme. De milagro logré escapar, pero ¿y ahora qué será de mí? ¿Adónde voy a ir?
— Vente con nosotros a Bremen. Si entiendes un poco de música, ... (ver texto completo)
Tras haber caminado un buen rato, el asno se encontró con un perro de caza que iba jadeando como si hubiese echado una larga carrera.
— ¿Por qué jadeas así? -le preguntó el asno.
— ¡Ay! -respondió el perro-, porque soy viejo y, como cada día me encuentro más débil, apenas puedo cazar y mi amo ha querido matarme. Por eso me he marchado. Pero ¿cómo voy a ganarme ahora el sustento?
— ¿Sabes una cosa? -dijo el asno-. Yo me dirijo a Bremen porque quiero hacerme músico; ven conmigo y hazte músico también. ... (ver texto completo)
Los músicos de Bremen
Érase una vez un hombre que tenía un asno que llevaba muchos años llevando sacos a un molino. Pero el pobre asno se iba haciendo viejo y perdía fuerzas por momentos, de forma que ya apenas era útil. Así que el dueño pensó deshacerse de él. Pero el asno, sospechando lo que le esperaba, se marchó de la casa en dirección a Bremen. Allí, pensó, podría hacerse músico.
Leyenda tradicional mexicana.
Versión de Alfredo Calderón Téllez.
El generoso animal, que tanto sufrió para proporcionarles fuego, perdió el pelo de su cola; pero vivió contento porque hizo un gran beneficio al pueblo de sus amigos.
Rápidamente el pueblo levantó una hoguera, cubriéndola con hierbas secas y ramas de los árboles. Y después de curar a su bienhechor, bailaron felices toda la noche.
Después se alejaron lanzando alaridos terribles y pregonando su victoria, mientras sus compañeros danzaban alrededor del fuego. Mientras tanto, el tlacuache, que había recobrado el sentido, se arrastró trabajosamente hasta el lugar donde estaban los huicholes y allí, ante el asombro y la alegría de todos, depositó la brasa que guardaba en su bolsa.
Millares de flechas surcaron el espacio y varias de ellas dieron al generoso animal; éste, al verse moribundo, cogió una braza del tizón y la guardó en su marsupia, su bolsa. Pero los perseguidores lo alcanzaron, apagaron la flama que había formado su cola y lo golpearon sin piedad, hasta dejarlo casi muerto.
Al principio, el guardia creyó que la cola del tlacuache era un leño; pero cuando lo vio correr, empezó la persecución.
En este tiempo observó que, casi siempre, con las primeras horas de la madrugada, todos los guardianes se dormían. El séptimo día, aprovechando que sólo un soldado estaba despierto, se fue rodando hasta la hoguera. Al llegar, metió la cola y una llama flamante iluminó el campamento. Con el hocico tomó un pequeño tizón y se alejó rápidamente.
Por sorteo fueron saliendo uno a uno; pero, al ser sorprendidos por los vigilantes, murieron sin lograr su propósito. Sólo quedaba el tlacuache. Éste, decidido a ayudar a sus amigos, se acercó al campamento y se hizo bola. Así pasó 7 días sin moverse, hasta que los guardianes se acostumbraron a verlo.