Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:
Los cuatro dragones se dieron cuenta de que el emperador Jade sólo pensaba en su placer y no le preocupaba la gente. Entonces, después de mirar largamente el grandísimo mar del Este, el dragón largo tuvo una idea.
Pasaron diez días y no cayó una gota de lluvia. La gente estaba cada vez más angustiada. Comían hierba seca, chupaban piedras y masticaban arcilla seca.
- ¡De acuerdo! – dijo el emperador- ahora volved que enviaré lluvia mañana.
- Pero majestad, las cosechas se están secando y la gente se está muriendo de hambre – dijo el dragón largo - ¡Por favor, enviadle lluvia enseguida!.
- ¿Cómo osáis interrumpir mi descanso tan importante?. ¡Volved al mar y comportaos!.
Al todo poderoso emperador no le gustaba demasiado la llegada de los dragones.
- Venga, vamos a pedir ayuda al emperadorJade para que llueva – sugirió el dragón largo, y se fueron volando hacia el alejado palacio celestial del emperador Jade.
- Que delgada y débil está la gente- dijo el dragón amarillo – si no llueve pronto morirán.
Los dragones vieron que los campos de arroz estaban secos y las cosechas se habían estropeado, y que los árboles sin hojas parecían esqueletos. Era evidente que no habían tenido lluvia en mucho tiempo.
Vieron mucha gente haciendo ofrendas extraordinarias. Una anciana sobre la tierra pelada y un niño delgado en los brazos gritaba: “Dios de los cielos, por favor, envíanos agua para que puedan beber nuestros hijos”.
Un día los cuatro dragones fueron volando desde el mar hasta el cielo, persiguiendo las nubes. De pronto, el dragón de color perla rugió señalando en dirección a la tierra. Los otros tres dragones se pusieron junto a él, entre las nubes, fijando su mirada hacia donde les señalaba el dragón de color perla.
Hace muchísimos años, al principio de los tiempos, no había ríos ni lagos sobre la tierra; sólo el mar del Este, donde vivían cuatro dragones: el dragón largo, el dragón amarillo, el dragón negro, el dragón de color perla.
Y si alguien tiene la suerte de verla bailar, esa persona tendrá magia en su vida.
Si baila frente al mar, habrá abundancia de peces y mariscos.
Si baila de espaldas al mar, habrá escasez de pesca.
Entonces, toman los cuerpos sin vida y los llevan suavemente hasta el Caleuche, el buque fantasma habitado por los hombres que nunca abandonarán el mar.
Pero a veces, hasta ellos tres llegan tarde.
Acompañada de sus dos hermanos, la Sirena y el Pincoy, se aseguran de que los náufragos regresen a sus hogares con vida.
Cuando alguien naufraga, lo rescata la Pincoya.
Cuando hay problemas lejos de la costa, la que ayuda a encontrar el rumbo es la Pincoya.
Cuando una barca de pescadores es atrapada en una tormenta, la que apacigua los ánimos es la Pincoya.
Es un espíritu benigno.
Desde entonces, la Pincoya habita el mar, con su apariencia adolescente y bonita.
Era una adolescente de cabellos dorados, con el mismo encanto de un bebé estrenando el mundo.
Ahí estaba la Pincoya, su hija. El mar la había hecho crecer de golpe.
- ¿Por qué no miras hacia atrás?
El Millalobo la tranquilizó.
En el mar volcó despacio lo que traía. Luego se zambulló y nadó entre lágrimas y olas hasta donde estaba su marido, que la esperaba calmo y profundamente amoroso.
Huenchuela se llevó en la lapa las mantas, y a su bebé de agüita. Se fue llorando a la orilla.
Bajo la mirada de sus abuelos la pequeña se había ido disolviendo, convirtiéndose en agua clara.
No querían taparla de nuevo, ni sacarla de su vista, pero en eso regresó Huenchula, vio a su hija y gritó.
La beba era como el mar en un día de sol. Era un canto a la alegría.
Se acercaron a la lapa que servía de cuna de su nieta y levantaron apenas la puntita de las mantas para espiar. Total, ¿qué podía tener de malo una miradita?
Pero cuando su hija salió a buscar los regalos y los dejó solos con la bebé, por un ratito nomás, los viejitos se tentaron.
Los abuelos entendieron. Esta nieta no era un bebé cualquiera. Era la hija del rey Mar. Por lo tanto, tenía carácter mágico y la magia tiene leyes estrictas.
Sobre su hija no podían posarse los ojos de ningún mortal.
Huenchula les describió cada una de sus gracias. Les hizo escuchar sus ruiditos. No los dejó verla.
Los abuelos quisieron conocer a su nieta. Pero estaba cubierta con mantas.
Huenchula tocó a la puerta de la cabaña. Desde que le abrieron, hubo un alboroto de alegría. Palabras superpuestas a los abrazos. Risas lagrimeadas. Frases interrumpidas.
Su esposo, el Millalobo, los enviaba para sus suegros. Era una disculpa por haber raptado a su hija.
La Pincoya (Chile)
Huenchula era la esposa del rey del Mar. Vivía con él desde hacía un año.
Acababa de tener una hija, y quería llevarla a casa de sus abuelos, en tierra firme.
Iba recargada, porque además de su bebé traía muchos regalos.
- Bueno tigre, ahora si que puedo imaginar como estabas. Espero que nunca seas tan tonto como yo- dijo el chacal. Y él y el sabio se alejaron de la jaula dejando encerrado al tigre para siempre. Fuente: Web de recursos de Asia: www. casaasia. es
– ¡Ostras! ¡Estoy otra vez encerrado! ¡Abridme la puerta, dejadme salir! –exclamaba el tigre sin parar
Y se quedó encerrado otra vez.
- ¡Mira que llegas a ser tonto, chacal! ¡Estaba dentro de la jaula con la puerta cerrada, así! – iba diciendo el tigre mientras entraba en la jaula y cerraba la puerta.
- ¿Encerrado? ¿Encerrado cómo?- preguntó el chacal
- El tigre estaba encerrado en esta jaula y me pidió que lo liberara.- explicó
Entonces se dirigieron a la hacia la jaula y el sabio se la mostró.