El tiempo tiene un ritmo inútil y ha aprendido a domar nuestros deseos. Es una breve y confusa forma de amar, la más tibia y la más cobarde. La que nos enseñaron aquellos maestros de la nada. La caricia mutilada de los que perdimos el paraíso, tan cercano y tan eterno, tan nuestro y tan robado. Nos duele la mirada del niño porque nos confunde, acaso nos acusa. Porque no supimos defender la inocencia. Prostitutas baratas y añejas, de callejones sórdidos de ciudades dormidas. Me vuelvo gris e inerte. Daré lo que me quede de vida por conquistar lo que dejé escondido, tan cerca del olvido, secuestrado en tus manos. Y quiero ser silencio. La sombra de tu sombra.Disculpa, mi nena.
(Recomiendo la última novela de Antonio Muñoz Molina. Tuvo que irse de España para escribir de España -la tierna infancia de una posguerra dilatada-) YTTQ. ALMERA.
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