A
San Isidro
Coronadas de luz las sienes bellas,
Conduce el sol su luminoso
coche
A la
estación donde madruga el día;
Quitó el prestado honor a las estrellas,
Y en campañas de luz venció a la
noche
Con los ardientes rayos que regía;
Castigo a su osadía
La tierra fue, que nuevo sol le opuso,
Esfera de verdor,
campo de fuego.
Cuando en sus rayos ciego,
Querúbicas deidades vio confuso
Sembrar por rubios granos esmeraldas,
Por espigas coger verdes guirnaldas.
Los
campos de
Madrid ya
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