Únicamente ha bastado la circunstancia penitenciaria de un abyecto y repugnante individuo como De Juana Chaos, para que el PP despliegue la maquinaria nauseabunda de la propaganda electoral, del cabreo permanente. Una vez más el Partido Popular para manifestar su profunda condena a una solución dialogada del terrorismo, incumple la moral política, desprecia el razonamiento y se apropia del lenguaje simplista y emotivo de los sentimientos, fragmentando a los ciudadanos en decentes e indecentes, en españoles y separatistas. Todo vale. No hay peor epílogo a este diagnóstico que la sentencia de Rajoy a Zapatero en el Congreso de los Diputados tras el atentado de la te4: “Si usted no cumple [con ETA] le pondrán bombas, y si no se las ponen, es que ha cedido”.
Este grotesco espectáculo de confrontación y furia que desea rentabilizar el PP, reside en el exhibicionismo de la transacción de signos y símbolos, en la pornografía de las capuchas, el corpiño y las sotanas. Tanta excitación causa las costillas marcadas entre tubos inocuos del gudari en unos, como la marea rojigualda y los lazos azules de los patriotas en otros. Ardientes insultos episcopales retumban en las paredes del hospital donde retoza el etarra y su novia, provocando erecciones a más de uno. Qué escenario tan macabro han diseñado los dos contrincantes que tanto se necesitan.
No acierto a comprender hasta qué punto la decisión de aplicar el grado de prisión atenuada al abominable De Juana, será favorable o no para descongestionar el proceso de paz, lo que sí me indigna es la frivolidad que emplea el PP para convertir a la sociedad pública en rehén de la ira y el resentimiento. Ya lo dicen los de las verdades como puños: “Cabrearse es cosa de hombres”.
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