El oficio de labrador ha sido siempre muy duro. Sigue siéndolo ahora mismo; pero no hay comparación. Solamente hay que acercarse a los pueblos, al nuestro por ejemplo y escuchar a los pocos viejos que quedan. El labrador ha regado durante muchos siglos cada palmo de suelo, con las gotas de su sudor. Es fácil adivinar cuantas lágrimas, privaciones y miserias han costado a nuestras familias que vivían del exiguo rendimiento de estas tierras fuertes, exigentes, con una naturaleza sorprendente y extremada; ... (ver texto completo)
Los tiempos han cambiado, los animales como fuerza de tracción dieron paso a la máquina, al tractor, la cosechadora, etc... pero el labrador persiste, ha heredado el carácter de lucha y resistencia de sus antepasados. La economía ha mejorado; las labores son más livianas y la relación con la tierra de menor dependencia. Hay ayudas estatales y seguros que protegen los bienes. Los más trabajan el campo y viven en la ciudad; los menos viven en el pueblo con comodidades, con pocas ocupaciones y preocupaciones; ... (ver texto completo)