Buenos dias, Angel.
Recuerdo el berrinche que enganchè cuando por primera vez me enfrentè a D. Fèlix cara a cara. Fuè el dìa que tuve que confesar, con el fin de tomar la "confirmaciòn". Por nada del mundo querìa ir a la Iglesia.
A la fuerza, y medio engañado mì prima Mari, la mayor de todos los primos, consiguìo introducirme en el recinto Sagrado. Allì, dado que èramos bastantes los que ibàmos a confirmarnos, estàbamos muchos chiguitos. Creo que funcionaban dos confesionarios. En uno estaba D.
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De D. Félix, yo también tengo alguna que otra anécdota de cría. Lo que siempre me chocaba es que, como solo iba los
veranos y vacaciones, a la hora de confesarme, aparte del consabido "Ave María Pusísima" del comienzo, tenía que decirle de quién era. El
santo y seña de la
casa, vamos: "soy nieta del señor Maudilio y la señora Pepa... y después, hala, los pecados o pecadillos, según se mire, con la perspectiva del tiempo. Recuerdo también sus homilias, que a veces, interrumpia para mandar callar a
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