A las dos de la tarde caminaba por una calle muy transitada, con dirección hacia un determinado lugar. Delante de mí y a muy corta distancia iba una pareja de mediana edad; de pronto la mujer se gira y a la par que se toca el pelo dice: me han mojado, ¡efectivamente!. De un balcón al que todos dirigían sus miradas salía un continuo chorro de lo que en un primer momento creíamos que era agua de regar macetas. ¡Nada de eso!, era un niño como de unos tres años, con rasgos orientales que hacía pipí arrimado ... (ver texto completo)