Vicente tenia una tranquilidad y una dulzura por las que se hacia querer. Iba a las casas a presentar y cobrar las letras en una moto Guzi pequeña, que la tenia impecable. Eran letras correspondientes a las compras que se hacían para el negocio o para la mina y que se giraban al domicilio a través de un representante que podía ser Vicente o el telegrafista. A pesar de tener una profesión tan poco agradecida todo el mundo le apreciaba, tenia tal bondad el paisano. Dejaba la moto en la cancilla, se
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¡Pues lo de la
moto de Vicente se descubre ahora! Me acuerdo cuando salieron los mosquitos, se subió al primero que vió que era de uno de Otero y no sabia como pararlo. Pasaba por delante del
bar…para arriba…al rato para abajo. Al pasar, reclamaba al dueño a voces "Qué como se para esto!", todos salieron a la
puerta del bar e intentaban explicarle cómo hacerlo, pero iba tan rápido que no daba tiempo. Así estuvo, arriba y abajo, arriba y abajo, hasta que se le acabó la gasolina.
Pero ya veis que
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