
Hace décadas eran muy importantes los
Carnavales, la
Navidad y el Año Nuevo, en torno a los cuales existían numerosas
tradiciones, muchas de ellas de origen ancestral, como el canto de tres ramos en la misa de
gallo en Nochebuena o los grupos de chavales que en
carnaval pedían por los
pueblos vecinos. También en Carnaval se celebraban
bailes en los que participaban tanto
mozos como casados, en los que las tocadoras de
pandereta que tenía
Guisatecha (las mejores de
Omaña junto a las de
Rosales), que desgranaban bailes chanos, jotas y careadas. De insigne
recuerdo y fallecida en
diciembre de 2011 Esther
García Bardón, posiblemente la mejor.
A la
burra de
Restituto le faltaba una oreja porque se la había comido un lobo. Parece ser que fue cierto. Mis
padres fueron testigos del hecho, acaecido en una
noche de
invierno, mientras el
animal estaba atado y se celebraba una juerga en
casa de su dueño. Al salir alguien, se encontró con el lamentable espectáculo del hambriento depredador sobre su
presa, sangrando abundantemente por la
cabeza y sin su miembro auditivo. Es increíble, pero la realidad supera a la ficción. Era una pollina muy
hermosa, graciosa e inteligente y solamente le faltaba hablar. Su prestancia, majestuosidad, docilidad,
trote garboso y rebuzno sutil, delicado y melodioso, la hicieron famosa en todo el contorno.
Otra
costumbre era la de los filanderos y el calechos, los últimos en los que participaron
personas de toda Omaña, se celebraron en casa de Benedicta Suárez García, fallecida con 101 años en el año 2005. Ya era
tradición esta casa, pues su
padre Manuel Suárez tenía la Cantina ya en el
siglo XIX. También a principios de siglo se hacían filandones y calechos en el "cuartón" de la casa de Petra Bardón la
madre de la citada Esther, a su venida de Buenos Aires (
Argentina) pero esa costumbre se perdió al fallecer su esposo Emilio tempranamente, en la navidad del año 1945.
De aquí era
natural Pepe "El
Porto" (
José María Martinez Rabanal), el mejor pescador de
truchas de todos los
tiempos, persona que llamaba la atención por su bondad, humildad,
alegría e ingenio inigualables. El apodo de "El Porto", obedecía a que su padre era portugués y trabajando en la
carretera, conoció a la sra Luzdivina, madre de nuestro querido y recordado, doctor de la caña, y de quién heredó la citada habilidad.
Me fascinaba, de niño, ver
trabajar la
madera a
Francisco. De cualquier palo ó tronco deforme y contrahecho hacía magistrales obras de
arte. Sus manos,
cargadas de talento, sensibilidad y asombrosamente hábiles daban a lo inerte auténtica vida, esplendor y
belleza que rayaba en la genialidad y que me hacían inmensamente
feliz.
"La
Cuesta del Pajarón" es muy
empinada y sinuosa pero merece la pena subirla en
bicicleta, por el placer de bajarla.
Tavines el de Socorro, nos cuenta en su coplilla lo siguiente:"En bicicleta subí la Cuesta del Pajarón! ay madre que sofocón!, y al bajarla yo sentí, tal placer dentro de mí, que los frenos yo rompí, y no paré hasta Omañón, donde un
burro garañón, que pasaba por allí, me tomó por hembra en celo, y a mis espaldas subió, deteniéndo la mi
marcha, a la fuerza y sin razón, perdiendo diez de mis dientes y un trozo del esternón y buscando la nariz, nunca jamás se encontró, teniendo que estar ahora con una de remendón, con la que yo no detecto ni bueno ni mal olor".