Zafarrón omañés
LA ZAFARRONADA

Por su gran interés etnográfico, recogemos a continuación artículo que el ilustre Omañés César Morán publicó en el año 1930 en las Actas y Memorias de la Sociedad Española de Antropología Etnografía y Prehistoria (Tomo IX, cuaderno 1ª). Quizá sus descripciones, principalmente en lo relativo a los atavíos de la "Zafarrón", sirvan para aclarar el confusionismo existente en la memoria de nuestros mayores. (Ver artículos de David Gustavo López en los números 1 y 2 de este boletín), y nos permitan, para una próxima ocasión, revivir con la mayor autenticidad posible el Carnaval Tradicional de Omaña, cuyo primer intento ya puso en marcha esta Asociación en 1987, en Riello.

ZAFARRONADA

Allá por los antruejos, también carnavales, tienen lugar las zafarronadas en las montañas de León, principalmente en la comarca Omañesa. Los chicos de la escuelas, en que los hay de seis a veinte años, para despedir las épocas de alegría y antes que lleguen los días de ayuno y de penitencia, buscan un zafarrón. Este ha de ser un mozo ágil, decidido, nada melindroso, que se viste de pieles de animales con su propio pelo, se tapa la cara con una piel de cabrito con agujeros para la boca y los ojos, se calza de abarcas para correr ligero, se coloca una pretina alrededor de la cintura para meter mucho ruido, coge en sus manos un cachaviello para saltar por ventanas y balcones y un saco de ceniza para diferentes usos.

No se dirá que este zafarrón se distingue mucho del hombre primitivo que dominaba las llanuras de Castilla hace cinco mil años. Quizá y aún sin quizá, es una reminiscencia suya. El zafarróno zaharrón es el jefe de los escolares durante un día o dos en excursiones que hacen a los pueblos inmediatos.

Puestos en orden de marcha todos los estudiantes capacitados se encamina al pueblo vecino, a dos, a tres o más pueblos. El Zafarrón recorre las casas, siguenle los muchachos, las amas ya saben de qué se trata y le dan un trozo de jamón, un llosco, un par de huevos y algunos dan monedas. Unos de los escolares lleva un asador donde se clavan las tajadas, otro lleva un cesto donde se recogen los huevos, y nunca falta quien se encarga de recoger todo lo que va saliendo.

En la casa donde dan algo, los niños cantan, dan las gracias y el zafarrón hace unas piruetas agitando los cencerros con un ruido ensordecedor. Donde no dan nada el zafarrón echa puñados de ceniza a los ojos y a los vestidos de los moradores.

En aquellos pueblos estáticos la presencia de una colección así despierta el interés de un gran acontecimiento; sale la gente a verlos, a enterarse de dónde son, quiénes son, adónde van, si han sacado mucho. En los grupos donde hay mujeres el zafarrón lanza puñados de ceniza y echa flores con la libertad amplia que le da el llevar la cara tapada. Otras veces, más humano, se descubre y se pone como un hombre a hablar con los conocidos.

Al volver a los patrios lares, en casa de un vecino se guisa los donativos que recogieron, reúnese todos los escolares de ambos sexos, incluso los que por sus tiernos años no pudieron acompañar a la expedición, se cena opíparamente y en la mejor armonía y luego se organiza un baile en la misma cocina en que se guisó y en que se tomó el banquete.

Esta es la zafarronada en su aspecto más sencillo. Pero generalmente hace su aparición algo ilustrada.

Algunas veces con las ganancias se compra un carnero, que pasean por las calles cargado de moños y de cintas de colores; luego se le guisa y se le como con los adimentos oportunos.

Suelen acompañar dos abanderados, portadores de estandartes, que son los encargados de dar el asalto a los hombres, y no los dejan en paz mientras no depositen el óbolo que corresponde a su categoría.

También llevan un toro de lidia - cuatro palos con unos cuernos a la delantera y un rabo atrás - tapado con una manta de colores y debajo un mozo que acomete, en cualquier plaza o calle se organiza la corrida y la capea. Otras veces hace ademán de acometer a la gente y resulta un espectáculo verla correr.

Algunos se visten de payasos, de maragatos, de trajes típicos y acompañan a la zafarronada.

Hay quien lleva su burro, que le sirve para recorrer la distancia, adornado con cintas de seda, raras colleras y atavíos estrafalarios. El hombre se viste de gitano y trata de vender su cabalgadura a todo el que encuentra, simulando el habla y los modales de los profesionales que representa.

Otros llevan unas cardas y un poco de lana para remendar a los cardadores, que son tipos a quien todo el mundo - me refiero a este pequeño mundo - se considera con derecho a tomar a broma y a poner en la solfa del ridículo, el oficio de soguero también suele tomarse a broma y lo imitan en tales ocasiones.

Intervienen alguna vez dos madamas, dos mozas que llaman así, suelen ir lujosamente vestidas, con la cara descubierta y muy formales; nadie se mete con ellas. Se prestan a bailar si en algún caso se juzga conveniente.

La mula ciega es un individuo que se le coloca sobre los hombros de otros dos; van tapados con colchas de cama y no se ve dónde terminan los unos ni dónde comienza el otro. El de arriba lleva una cabezada y los de abajo y otro de la comitiva hace como que tira del cordel. El que va encima llega con las manos a ventanas y balcones.

Todos son medios de entender a la gente y hasta de llenarla de admiración en aquel país en que la vida se desliza tranquila y monótona como la superficie de un lago en el fondo de los valles. Y, como el operario es digno de su retribución, los entretenidos los festejados, no tienen más remedio que registrar sus bolsillos, sus almacenes, sus despensas, y pagar de algún modo aquel regocijo que de rondón se les entró por las puertas.

La zafarronada es una fase arcaica de la estudiantina. Esta evolucionó en el modo, progresó suavizándose y poniéndose, hasta cierto punto, a la altura de los tiempos que corremos. Pero en el fondo es la misma zafarronada.

Algunos dicen fanfarronada, en vez de zafarronada; pero esa pronunciación es un purismo, como si quisiéramos decir bacalado. ... (ver texto completo)
No lo sabíamos, los mejores deseos de Marisol y Paco.
Para ir hacia el río Negro desde Folloso se salía por la Fragua y detrás del prao Otoño se seguía el camino por los Campares de los Molinos y en su inicio había una bifurcación. El camino de la izquierda te introducía en el Oseo que te llevaba a Llamasdequintas y cuando el terreno se volvía infranqueable, rompía a la derecha y desembocaba en el Toral a coger el que venía de la Escuentra y te llevaba a Villamil y dejando los praos de Santibáñez a la derecha segías el camino y llegabas al puente de ... (ver texto completo)
Hola Peña, como siempre muy bien descrito, solo añadir que además de lo percibido con los ojos y los oídos, en el molino también se sentían de una manera especial los olores, aún percibo ese olor especial de la harina y salvado recién molido.
Pues yo no me encontré ninguna, de hecho me he tenido que hacer una, si vienes el sábado a Riello la verás, os esperamos.
¿Vas a ir disfrazado a Riello?. Creo que me van a dejar dos cencerros de los rebaños de merinas. Si te animas intentaré hacer un disfraz como los que recuerdo de niño en Garueña. Cristina podría ir de gitana.......
Saludos.
Hola Peña, recuerdo el peligro de baltar el carro cargado de hierba, leña, centeno etc. Algunos caminos era el suelo pendiente. Y de tirar de la soga que lo ataba, hacia el otro lado, para que no baltara...... A tí se te baltó el carro y a mi como tu sabes la marmita con la comida. Saludos
Parece ser que quedan aun caretas por esos desvanes.
Pues yo no me encontré ninguna, de hecho me he tenido que hacer una, si vienes el sábado a Riello la verás, os esperamos.
El árbol predominante en los montes de Folloso era el roble. No hacía falta hacer repoblaciones cuando había alguna quema, cuando alguien con o sin intención "achismaba" algún fuego. Era la especie arbórea dominadora por aquellas altitudes de los dos mil doscientos metros. Los había de centímetros que si escarbabas un poco la tierra todavía descubrías la bellota que le había dado el ser; otros rebrotaban de alguna raíz que la peña la había empujado hacia la superficie y allí mismo, en el contacto ... (ver texto completo)
Habia zafarrones en Vega? Que personajes participaban, preguntar a los mayores.
Parece ser que quedan aun caretas por esos desvanes.
Vivan los novios..........
Muchas felicidades Nati&Donias. Un abrazo.
Vivan los novios..........
Hola otra vez Antonio, siento decepcionarte, pero lo desconozco, no obstante le preguntaré a Octavio,él es natural de este pueblo y es una persona extremadamente inteligente, seguro que te podrá ayudar.
Más saludines
Intentaremos indagar, a ver si encontramos algo en los Archivos y viejos legajos. Un abrazo muy fuerte a Marilín y a Antonio. La etimología de las palabras es una cuestión muy ardúa y compleja porque se trata de saber el origen de algo que a lo largo de la vida ha sufrido innumerables modificaciones y transformaciones, pero tomo nota y me pongo al asunto con sumo placer.
Buenas dias para tod@s, venga todo el mundo a ser feliz, ¡si se puede!
Besitos.
Sobre la fotografia de la era de Corsino, los jovenes que estan en ella son del pueblo de la cueta, los conozco a la mayor parte. Si pensamos un poco en el fondo de la fotogaria desde ningun angulo se puede sacar la cubierta de dos naves por lo que diria que sera en Andarraso. Sobre el primero de la fila de la foto del pollino no tiene duda es el campeon del tiro a la soga de Omaña.
Y el de la foto de el " pollino" ¿tengo yo razón?.
Hola Antonio, te agradezco que me tutees, tengo 58 años, te llevaras una sorpresa cuando leas lo siguiente: soy coruñesa! mi padre tambien lo era. Mis padres se conocieron en León. No tuve g. a. Dios ninguna niñez dura, sí en cambio mi madre (84 años). Lo que pasa es que estoy muy unida a Manzaneda de Omaña, (en esta comarca (Omaña) se encuentra el Castillo). Los veranos los pasabamos en casa de mis abuelos maternos, era la niña más feliz del mundo!. Ellos eran labradores, tenian vacas (5), ovejas, ... (ver texto completo)