Ahora que vienen los fríos, me viene a la memoria aquella señora entrañable que
nos vendía
castañas "calentitas". ¡Qué tiempos! La señora Paula. Ponía su fogón
en el
soportal de Mariano Sampedro, cerca de la
calle que sube a la
plaza.
Daba gloria comerlas, primero nos calentaban las manos y después el estómago.
A los chiguitos no nos parecían caras, pues por una peseta nos daba diez.
Y hablando de pesetas y céntimos. Todos recordamos aquellos caramelos de
casa
de la señora Nati, a diez céntimos
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