Mi pequeña aldea del mar. El monte verde, la brisa fresca, el acantilado azul y blanco de salitre. Mi casa de piedra y el humo de la leña húmeda. Mi vieja chaqueta de cien batallas.
No camines sobre el barro de la tempestad, transeúnte que transitas por mi calle. Que sobre tu corazón se apiñen las flores de un siglo de primaveras.
El caminante desaparece tras la cresta de la loma. El cielo se viste con su camisón cobalto de atardecer.
Ya descienden los copos de nieve de la cordillera. Mueren entre ... (ver texto completo)
No camines sobre el barro de la tempestad, transeúnte que transitas por mi calle. Que sobre tu corazón se apiñen las flores de un siglo de primaveras.
El caminante desaparece tras la cresta de la loma. El cielo se viste con su camisón cobalto de atardecer.
Ya descienden los copos de nieve de la cordillera. Mueren entre ... (ver texto completo)