Hoja risueña del
verano, el viento vespertino ha encontrado labios para susurrarte ternezas al oído. No le importa que el verdor tuyo se vaya desvaneciendo. Es verano, y el esplendor aún luce en las copas de los tilos.
Hoja risueña, el alma del poeta está rendida. El
cielo mues-tra un azul de neblina. Hasta las
campanas de la
iglesia ejecutan un repicar fatigoso.
Hoja del verano, ya se agotó mi tesoro, y sólo tú me quedas. Esperando tu perfume de noviembre, aquí me encuentras. No sien-tas la soledad
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