Irse a bañar a los Moíno, en los años 70, era uno de los privilegios que disfrutábamos del entorno natural que nos rodea, y que creo yá no es posible.
Tenía muchas atracciones. Entre ella, y aparte del saludable baño, departir una tarde en la orilla junto a los juncos en el acceso principal, merendando morcilla, tomate y pepino.
La entrada secundaria, la del fresno, te llevaba a la izquierda a lo más hondo, donde se podía emular a Tarzán, tirándose al
agua desde una gorda rama horizontal, a
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