Entrañable poema,
Flor,! gran sensibilidad la tuya... pardiez! Me acerco, entro de lleno. Me abrazo... y permanezco. ¿que podría decir yo desde la altura de mis canas, tardías, pero que aquí están? Lo intentaré otro día. Hoy voy a salir, no obstante, voy a tratar de ensayar algo, tratando de entrar en sus batallas.
No se arredra el abuelo:
abraza, nombra
sus largas horas de desvelos.
Se abraza fuertemente cuando a solas,
se cuenta en su soledad; sus bellos cuentos.
Se abraza a las horas,
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