Cuando Tejero y sus civiles entraron en el Congreso, eran las 18,22.
Me enteré de casualidad alrededor de las 19.30 h. Había estado currelando todo el día e iba hacia mi
casa conduciendo un renault modelo diez con más años encima que el tal Matusalen ese, verde oliva, lastrado en la parte delantera por aquello de que lo zarandeaba el aire. Igual que los que habían usado los mellizos de
carretera. Me había costado diez mil pesetas.
Le había instalado una radio también de segunda mano provista
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