Todo alcalde democráticamente elegido, puesto que se ha presentado libremente a las elecciones y nadie lo ha obligado, tiene el compromiso moral de servir a su
pueblo, en primer lugar. Sus intereses particulares deben quedar supeditados a los intereses de su pueblo y el que no lo haga así, debe dimitir. Claro que generalmente en los
pueblos pequeños las obligaciones de los alcaldes son también muy pequeñas y generalmente se pueden compaginar ambas cosas a la vez: los interese particulares y los de
... (ver texto completo)